viernes, 21 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (2)

REINO DE LEÓN: LA LEYENDA DE SAN JULIÁN
San Julián, el Hospitalario.
           
En el Reino de León varias son las leyendas que hacen referencia a la intervención divina y a la ayuda celestial en el cruce de los ríos: desde vírgenes protectoras, santos barqueros o frailes que andan sobre las aguas.


Quizás una de las leyendas más conocidas sea la de los santos barqueros de San Pedro de la Nave (Zamora), Julián y Adela (o Basilisa), que ayudaban a los peregrinos a cruzar el río Esla. La pareja habría llegado a este lugar tras la penitencia impuesta por el Papa para que Julián expiara su pecado de parricidio, de modo que, junto a su compañera, construyó una barca y una hospedería para el auxilio y socorro de los peregrinos[1]. El lugar de embarque era conocido como “embarcadero de Santa Basilisa”, el manto de la santa servía de lancha para pasar piedra destinada a la construcción del templo[2].


La advocación a San Julián, patrono de los barqueros y de los pescadores, se atestigua también en poblaciones que tuvieron pasos de barca. Además de San Pedro de la Nave, su culto se documenta en Alija de la Ribera (Bernesga)[3], en Castrillo de Porma, en Mózar y Villanázar (Tera)[4].

Barca sobre el Esla (Aldea del Puente). Década de 1930.
Una leyenda similar es la de San Boal, vinculada en este caso a Manzanal del Barco, otro santo arrepentido de su pasada vida que decidió retirarse a las riberas del Esla, construir una barca, dar albergue y alimento a los viajeros y pasarlos al otro del río. En la base de ambas leyendas, tanto de la de San Pedro de la Nave como de la de San Boal está la de San Julián el Hospitalario[5].

La leyenda de San Boal está también ligada a la ciudad de Zamora. Fernández Duro se hace eco de una historiografía local que ve en el santo un jefe de bandoleros hasta el momento de su conversión y que con los bienes mal adquiridos fundó un hospital y una barca para ayudar a pasar el Duero, al tiempo que fabricaba y vendía vasijas de barro, con cuyos beneficios sustentaba sus obras hospitalarias. Tras padecer martirio junto a su hermana Justa y otros compañeros, sus reliquias se conservarían en la iglesia de San Torcuato[6].



[1] La leyenda de San Julián el Hospitalario fue recogida por Luis Cortés en San Pedro de la Nave, donde señala que los barqueros eran Julián y Adela. Advierte el autor que en el siglo XIX, tras los estudios de Garnacho y Fernández Duro, la leyenda popular se mezcló o se confundió con la de los santos Julián y Basilisa. L. CORTÉS VÁZQUEZ: “La leyenda de San Julián el Hospitalario y los caminos de la peregrinación jacobea del occidente de España”. Revista de Dialectología y tradiciones populares. Tomo VII, Madrid 1951. Cuaderno 1, pp. 56-83. Esta leyenda está muy difundida en Europa y ligada a los caminos de peregrinación. Véase también S. de la VORAGINE: “La leyenda dorada. Tomo I. Madrid 1992, pp. 141-146. La versión erudita de la de San Pedro de la Nave en: C FERNÁNDEZ DURO: Memorias históricas de la ciudad de Zamora, su provincia y obispado. Tomo I. Madrid 1882, pp. 185-188. También en U. ÁLVAREZ MARTÍNEZ: “Nuestro grabado”. Zamora Ilustrada, 29 de junio de 1881. No obstante, la presencia de los santos Julián y Basilisa en la leyenda es anterior al siglo XIX, como suponía L. Cortés. Una visión actualizada es la de J. LORENZO ARRIBAS: “Tradición oral, unos santos barqueros y algunos datos documentales dispersos sobre la Nave”, en L. CABALLERO ZOREDA (coord.): La iglesia de San Pedro de la Nave. Zamora. Zamora 2004, pp. 19-37.

[2] A. CUADRADO: “Un gran joya artística: La iglesia de San Pedro de la Nave (diócesis y provincia de Zamora)”. Heraldo de Zamora, 13 de agosto de 1930, pp. 3 y 4.

[3] N. BARTOLOMÉ PÉREZ: “El folklore relacionado con la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera (León)”. Revista de Folklore, nº 319. Año 2006, pp. 119-125.


[4] J. I. MARTÍN BENITO: “En la merindad de Valverde. Villanázar: notas para su historia”. Brigecio, 21-22. Benavente 2012, pp. 167-168.

[5] L. CORTÉS VÁZQUEZ: Op. cit. y “Caminos de peregrinación occidentales” en L. HUIDOBRO Y SERNA: Las peregrinaciones jacobeas, Tomo III, Madrid 1951, pp. 490-491.


[6] C. FERNÁNDEZ-DURO: Memorias históricas de la ciudad de Zamora, su provincia y obispado. Madrid 1882. Tomo I, pp. 142-143.

http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html

domingo, 16 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (1)

BARCAS Y LEYENDAS. EL PODER DE LOS CIELOS
Barca. Dibujo de Hildebrand. Grabado de Moynet.



El paso de los cauces fluviales mediante el uso de embarcaciones ha constituido, sin duda, un potencial riesgo para la seguridad de personas, ganados y mercancías. Con la proliferación de puentes o viaductos desde mediados del siglo XX, apenas hoy somos conscientes de lo que en otras épocas supuso pasar de una orilla a otra. Sin embargo, pasar un río entrañaba dificultades, que se dejaba en manos de la pericia de los barqueros, pero también en invocar la protección del cielo. 


En la geografía hispana varios son los pasos de barca ligados a la ayuda divina. Como los caminantes que, implorando el auxilio de San Rosendo, pudieron cruzar el río Cádavo en una embarcación cuyo barquero resultó ser el propio santo[1]; o los peregrinos ingleses que venían de romería a Santiago en 1211, cuya barca naufragó en el río a la altura de Tolosa, pero que pudieron salir del agua gracias al socorro de Santo Domingo[2].


La ayuda mariana
A la Virgen de Monserrat se encomendaron los barqueros de San Vicente dels Horts en la crecida del río Llobregat la noche del 31 de agosto de 1617, cuando se rompió la maroma de la barca, saltaron al agua y pudieron salvar sus vidas[3]
Barca en el río Llobregat, Principios del siglo XX.

 Algo similar le ocurrió al ermitaño del santuario de Nª Sª del Viñero de El Grado, que en compañía de otras personas cruzaba en barca el río Cinca; tras romperse la sirga y ser arrastrada la embarcación invocaron el auxilio de la Virgen y pudieron ponerse a salvo, tras la cual mandaron fabricar una barquilla como ex voto al santuario[4]. A la Virgen de los Llanos de Hontoba (Guadalajara) invocaron los pasajeros de la barca de Acequilla en 1615, cuando al cruzar el Henares, el río rompió la parte donde estaba asegurada la maroma, de modo que el agua comenzó a anegar la embarcación con riesgo de hundimiento, pero, finalmente, pudieron salir libres de tal peligro[5].


A la Virgen del Camino de León se encomendaron en 1677 dos peregrinos que iban a Santiago cuando la corriente arrastró la barca en la que cruzaban el río Narcea en Cornellana (Asturias); enderezada la nave pudieron ponerse a salvo, lo que atribuyeron a la “providencia maravillosa del Cielo”[6]. La intercesión de la Virgen María resultó también providencial para el auxilio de Fray Leandro, descalzo de la Santísima Trinidad, que cayó con la mula al río Tajo cuando iba a tomar la barca para cruzarlo, pero que pudo ser socorrido por los de la embarcación[7]
Santos y ríos
La propia Santa Teresa de Jesús y sus acompañantes pudieron también sobrevivir a la rotura de la maroma de la barca cuando pasaban un río camino de Sevilla[8]. En otras ocasiones, son los propios santos los que, al no poder utilizar la barca, pasan el lecho del río, transportados por la divinidad o caminando sobre las aguas, como se atribuye a San Pedro de Alcántara en el Guadiana, Alconétar (Tajo) y Boecillo (Duero)[9]

Otras veces, basta extender una prenda sobre las aguas y esta se convertirá en balsa de paso; lo hizo San Bernardino de Siena que, al no quererle pasar el barquero el Ebro en La Puebla, extendió su manto sobre las aguas, encima del cual pudo pasar el río, junto a otro compañero franciscano[10]. También Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro Labrador, extendió su mantilla para pasar a la otra orilla del río y visitar la ermita de Nª Sª de la Piedad[11]
San Francisco de Paula, navegando sobre su manto.


Para saber más:
http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html




[1] Ordoño de Celanova. Vida y milagros de San Rosendo. Edición, traducción y estudio por Manuel C. Díaz y Díaz, María Virtudes Pardo Gómez y Daría Vilariño Pintos La Coruña, 1990, pp. 169-171.

[2] Fr. J. LÓPEZ: Flos sanctorum del beato Santo Domingo y su orden de predicadores. Valladolid 1622, fol. 16 v. y Fr D. SUÑER: Vida y milagros de Santo Domingo de Soriano. Perpignan 1651. pp. 36-39.

[3] Libro de la historia y milagros, hechos a invocación de nuestra Señora de Montserrate. Barcelona 1627, pág. 287.

[4] R. A. FACI: Aragón, reyno de Christo, y dote de Maria Santissima, exaltado por la columna immobil de Nuestra Señora del Pilar y favorecido con los santissimos misterios de Jesus sacramentado, reliquias de la Santa Cruz, y otras; con las Santissimas imágenes de Nuestra Señora, apariciones, y patrocinio de muchos santos. Tercera y quarta parte. Tomo segundo. Madrid 1750, pág. 149.

[5] A. de SAN IGNACIO: Historia de la invención de la santa, y milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Llanos, y de sus milagros. Madrid 1719, pág. 295.

[6] J. de VILLAFAÑE: Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de cielos, y tierra, María Santissima, que se veneran en los mas celebres santuarios de Hespaña. Salamanca 1726.

[7] Fr. LUCAS de la PURIFICACIÓN: Quarta parte de la Chronica de los descalzos de la Santísima Trinidad, redempción de cautivos. Granada 1732, pp. 62-63.
A la ayuda mariana se encomendaban también los que intentando cruzar un río, sufrían algún percance; fue el caso del soldado Alonso de la Peña que en 1468 cayó con su caballo a las aguas del Guadalentin y, tras encomendarse a la Virgen de Guadalupe, pudo salir a flote, “assentado sobre el agua, como si fuera una barca, sin tragar gota, ni hundirse, ni causarle miedo, ni pena caso tan temeroso”, tras lo cual logró asirse a un hilo verde “como si fuera una maroma recia” y ponerse a salvo. D. MONTALVO: Venida de la soberana Virgen de Guadalupe a España, su dichosa invención y de los milagrosos favores que ha hecho a sus devotos. Lisboa 1631, pp. 27-28.

[8] Fr. D. de YEPES: Vida, virtudes y milagros de la bienaventurada virgen Teresa de Jesus, madre y fundadora de la nueva reformación de la orden de los descalzos y descalzas de nuestra Señora del Carmen. Madrid 1796, pág. 383 y Madrid 1797, pág. 85.

[9] J. de SANTA MARÍA: Chronica de la provincia de San Ioseph de los descalços de la Orden de los Menores de nuestro Seraphico Padre S. Francisco. Madrid 1615, pág.115 y M. DE SAN JOSÉ: Historia de las vidas y milagros de nuestro beatro padre Frai Pedro de Alcántara, de el Venerable Frai Francisco de Cogolludo y de los religiosos insignes en virtudes que ha hauido en la Reforma de Descalços que el mismo venerable padre ynstituyo en la Orden de nuestro Seraphico Padre San Francisco con la fundaçion de las provinçias que de ella han proçedido. Arévalo 1644, pp. 80-81.

[10] J. de AMIAX: Ramillete de Nuestra Señora de Codes. Pamplona 1608, pág. 99 (r).


[11] Fr. N. J. de la CRUZ: Corona de cortesanos y laudo de labradores o espejo de labradores y exemplar de cortesanos. La vida, virtudes y milagros de San Isidro Labrador. Madrid 1741, pág. 55.

martes, 11 de julio de 2017

La catedral de Ciudad Rodrigo

LA VISIÓN DE LOS VIAJEROS

La catedral desde el paseo de ronda de la puerta de Amayuelas.

        En un post anterior escribíamos sobre al declaración de la catedral de Ciudad Rodrigo como Monumento Nacional en 1889. Hoy traemos cómo la vieron los que nos visitaron.

Naturales y extranjeros que pasaron por Ciudad Rodrigo pusieron sus ojos en la catedral. Los testimonios, no obstante, son escuetos, propios del viajero que describe de manera rápida su itinerario. El canónigo hispalense Diego Alejandro Gálvez, que viajó de Sevilla a Santiago en 1755, se desvió de la vía de la Plata hacia Alcántara y, desde aquí, por el puerto de Perales, se dirigió a Ciudad Rodrigo, a donde llegó el 13 de mayo. Al describir la ciudad, repara en su catedral, a la que define como “lindísimo templo, todo de piedra y con regular adorno”. Del claustro dice que “es muy grande y hermoso[1].
El británico Richard Twiss, que entró en España desde Portugal por Aldea del Obispo el 25 de febrero de 1772, en su libro Travels through Portugal and Spain in 1772 and 1773, dice de la catedral que “es un edificio gótico cuya fachada está adornada con diecisiete estatuas de santos”. Señala la contemporaneidad de la torre de Sagarvinaga: “el campanario es moderno, y se accede a él a través de un pórtico sostenido por columnas corintias”.
Otros testimonios son los dejados por los viajeros ingleses y franceses que pasaron por la ciudad con motivo de las campañas napoleónicas. Entre estos está el reverendo William Bradford, que formó parte del ejército británico al mando del general Moore. Ciudad Rodrigo, dice, tiene una “magnífica catedral[2]. Por su parte, el francés A. Laborde, que viajó unos años antes por España, dice que “la catedral... es de una mediana arquitectura del gusto gótico”, destacando de ella la capilla con el “magnífico sepulcro de los Pachecos[3].
Portada del mediodía.
Más datos aporta el escritor y dibujante londinense Richard Ford, en su Manual para viajeros por España y lectores en casa[4]. El inglés que vino a vivir a Andalucía en 1831, recorrió a caballo buena parte del país. A Ciudad Rodrigo llegó procedente de Las Batuecas, en los últimos días de mayo de 1832. De la catedral dice que fue comenzada en 1190 por Fernando II deLeón y que el arquitecto fue Benito Sánchez, enterrado en el claustro. Ford se refiere a la ampliación de la capilla mayor por el cardenal Tavera en 1538 “arzobispo de Toledo, y obispo aquí antes”. De las puertas señala la de poniente:“cerca de la entrada se conserva una puerta interior de la antigua catedral, con curiosas esculturas y altorrelieves de la pasión”; y termina: “la notable y rara Sillería del Coro es obra de Rodrigo Alemán”.
Escueta es la referencia del también escritor británico W. H. Giles Kingston, que viajó por Portugal entre 1842 y 1843, desde donde se internó a Ciudad Rodrigo y Salamanca. Del templo mayor civitatense escribe: “la catedral es un edificio bello, ricamente decorado[5].
Se fija especialmente en sus sepulcros, Francisco de Paula Mellado, en sus Recuerdos de un viage por España (Madrid, 1849), para el cual la catedral fue fundada por Fernando II en estilo gótico, pero “sin más mérito arquitectónico que su solidez”. Unos años antes, Mellado, al abordar la voz “Ciudad Rodrigo” en su España Geográfica, Histórica, Estadística y Pintoresca se había referido al edificio de manera muy escueta: “Tiene una catedral de estilo gótico”, escribía[6].

Catedral, cabecera y crucero.
            Eruditos resultan los comentarios de otros viajeros. En 1908 el polígrafo argentino y rector de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Rojas, realizó un viaje por España. En primavera llegó a Salamanca para ver a Miguel de Unamuno. En su compañía y en la del profesor Julio Nombela y Campos visitó un día Ciudad Rodrigo y escribió: 
            Con tan estupendo interlocutor, pasó el tiempo del viaje sin que yo lo advirtiese, y de pronto llegamos a Ciudad Rodrigo, ciudad de frontera; monumentos medievales dentro de grandiosas murallas. Fuimos con Unamuno y Nombela a ver la Catedral, románica en transición al gótico; admiramos su claustro ojival, sus capiteles simbólicos, su sillería de formas libérrimas[7].
            Entre erudición y poesía se mueve el agustino César Morán. Sus viajes por la provincia de Salamanca dieron lugar a su conocida Reseña histórico-artística..[8]. De la catedral dice que es el monumento más importante de la ciudad, en estilo románico, gótico  plateresco y que su autor fue Benito Sánchez. El resto es pura literatura. Valga como ejemplo lo siguiente: “Si el turista no es un témpano de hielo, sentirá su alma henchida de admiración, de nobles pensamientos y de profunda gratitud para aquellos anónimos artistas que tanto se afanaron por nuestro solaz, instrucción y esparcimiento”.

Sepulcro de los Robles. El Santo Entierro.
Pórtico del Perdón.
Puerta del Enlosado.
Cristo en Majestad.
La catedral, el Sagrario y el castillo.

[1] GÁLVEZ, D. A.: Itinerario geográfico, histórico, crítico y litúrgico de la España, Francia, País Bajo y gran parte de Alemania (1755). Sevilla 1996. p. 23.

[2] BRADFORD, W.: Sketches of the country, caracter, and costume, in Portugal and Spain, made during the campaign, and on the route of the British Army, in 1808 and 1809. London.

[3] LABORDE, A.: Itinerario descriptivo de las provincias de España. Valencia, 1816, pág. 360. Edición facsímil de Ed. Paris-Valencia, 1998.

[4] Hay edición de Ed. Turner con el título Manual para viajeros por León y lectores en casa. Madrid, 1983, de donde tomamos los datos.

[5] KINGSTON, W. H. G.: Lusitania: apuntes y bosquejos. Citado en J. MAJADA y J. MARTÍN: Viajeros extranjeros en Salamanca (1300-1936). Salamanca 1988,  p. 209.

[6] PAULA MELLADO, F. de: España Geográfica, Histórica, Estadística y Pintoresca. Madrid 1845, p. 702.

[7] ROJAS, R.: Retablo de España, 1939. En J. MAJADA y J. MARTÍN. Viajeros extranjeros en Salamanca (1300-1936). Salamanca 1988, p. 266.


[8] MORÁN, C.: Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca. Salamanca, 1946, p. 19. Reed. Diputación Provincia, 1982.

jueves, 6 de julio de 2017

Imágenes de la Guerra de la Independencia en la Raya de Portugal

UN GRABADO DE LA BATALLA DE FUENTES DE OÑORO


En el avance u ofensiva de las tropas anglo-portuguesas  hacia la Raya -comandados por Lord Wellington,  los aliados habían logrado prácticamente expulsar a los franceses del territorio portugués, sobre todo después de la batalla de Sabugal de 3 de abril de 1810.

No obstante, la plaza de Almeida seguía en manos francesas, tras su conquista en 1810. Wellington puso sitio a la plaza, pero dejó al mando del cerco a Sir Brent Spencer, mientras que él marcha sobre Badajoz.

El general francés Masséna intentó acudir en ayuda de los sitiados, que estaban a punto de capitular. Masséna solicita la ayuda al mariscal  Bessieres, gobernador de Castilla, y comenzó a concentrar tropas en Ciudad Rodrigo. El 28 de abril Wellington regresa de Badajoz y traslada su cuartel general a Vilar Formoso. Bessieres acudió con una ayuda insuficiente: 1.500 hombres de la Caballería de la Guardia Imperial, 6 piezas de artillería y 30 tiros de caballos, lo que hizo exclamar a Masséna: «Mejor habría hecho en enviarnos unos miles más de hombres, víveres y municiones, que dándose en sus provincias, que venir a observar y criticar lo que yo voy a hacer» (Memorias del general Marbot). 
Entre el 3 y el 5 de mayo de 1811 se enfrentaron en Fuentes de Oñoro (Salamanca) la tercera y séptima división del ejército aliado del general Wellington contra los franceses bajo el mando del mariscal Masséna y del general Bessiers, al frente de la guardia imperial. El ejército anglo-portugués consiguió conservar sus posiciones frente a la embestida francesa.

De esta batalla se conservan varios grabados. Uno de los más tempranos es el que aquí reproducimos (30 x 40 cm.). Representa una panorámica de la batalla en las inmediaciones de la aldea de Fuentes de Oñoro. Está impreso por Lemercier, en París, en 1820. El grabado, conforme está firmado en plancha, es de Duron y el dibujo de Th. Yung. 


Abajo reproducimos uno de los grabados ingleses más conocidos sobre la batalla. Corresponde a W. Heath delt. T. Sutherland sculpt.
Batalla de Fuentes de Oñoro - 5 de Mayo de 1811. W. Heath delt. T. Sutherland sculpt.


Véase de Emilio Martín Serna: "La batalla de Fuentes de Oñoro" .

Sobre otros episodios de la Guerra de la Independencia puedes ver los siguientes enlaces:

Napoléon en España. Apuntes para una ruta.

http://historiadesdebenavente.blogspot.com.es/2016/03/napoleon-en-espana-apuntes-para-una.html

 Napoleón en Benavente: la voladura del puente de Castrogonzalo y el incendio del castillo.

http://historiadesdebenavente.blogspot.com.es/2016/04/napoleon-en-benavente.html