martes, 28 de marzo de 2017

La batalla de la Polvorosa


A ORILLAS DEL ÓRBIGO


Virgen de la Vega (Benavente.
Como escribíamos en un post anterior, el culto a la Virgen de la Vega de Benavente -presente en su escudo de armas- está muy ligado a un suceso extraordinario: el socorro mariano a las huestes cristianas contra los musulmanes en una batalla que, según las crónicas, tuvo lugar a "orillas del río Órbigo". De ahí deriva el culto a la Virgen en su ermita de Cimanes de la Vega, que fue trasladado también a Benavente y que, probablemente, sea el mismo que se recuerda en la ermita de la Virgen de la Vega, en Vecilla de Transmonte.

Diversos historiadores se han ocupado de esta gesta. José Ledo del Pozo, en su Historia de Benavente narra y fecha esta batalla en el 812[1]. Respecto a la tradición del socorro divino, el autor no hace sino recoger una “tradición constante derivada de padres á hijos”. Seguramente esa tradición estaba presente cuando en 1751 el vecino de Benavente Juan Espada compuso las conocidas décimas con motivo de las fiestas que celebró la villa con motivo del nacimiento de su Conde[2]. Pero la leyenda ya debía circular bastante antes, como recoge Dueñas Torío en la Descripción de las fiestas que celebró la villa de Benavente el año de 1674 al nacimiento de su conde[3]. De ello colegimos que la leyenda ya circulaba, al menos, en el siglo XVII, sin poder precisar cuando se gestó.
Virgen de la Vega. Cimanes de la Vega.

El origen de dicha leyenda está, sin duda, en la batalla de la Polvorosa, que tuvo lugar en el 878, según refieren las crónicas medievales. Pero a lo que no aluden ninguna de las crónicas es a la supuesta intervención mariana, lo que nos sitúa la formación de la leyenda en un momento post quem a la redacción de las crónicas.

De ella, la más antigua, por ser prácticamente contemporánea es la Crónica de Albelda. Esta es una de las crónicas de la monarquía asturiana, escrita durante el reinado de Alfonso III[4]. Entre los sucesos que narra está el de la batalla de la Polvorosa, a orillas del Órbigo, ocurrida en el año 878[5].

            “...Y en los mismos días, en la era 916, Almundir, hijo del rey Mohamed, y el general Iben Ganim, vinieron desde Córdoba a Astorga y León con una hueste de sarracenos. Pero también una gran hueste que venía de otro lado siguiendo al ejército, que era de Toledo, Talamanca, Guadalajara y de otras plazas, unos trece mil en total, fue aniquilada por nuestro príncipe en el lugar de Polvorosa, junto al río Órbigo. El mismo Almundir, cuando pretendía dirigirse al castillo de Sublancio, se enteró de lo que había ocurrido en Polvorosa”.

Batalla entre cristianos y msulmanes, con estandarte mariano.
También alude a esta batalla el Crónicón de Sampiro, escrito en torno al año 990[6]. El Cronicon comienza con el reinado de Alfonso III y da cuenta del encuentro de la Polvorosa[7]. Lo mismo sucede en la Crónica Najerense, cuyas fechas de redacción van entre 1157 y 1180[8]. El libro segundo de la Crónica se refiere también a la batalla[9].

La batalla de la Polvorosa pervivió en las crónicas medievales. En el siglo XIII escribía De rebus Hispaniae (De las cosas de España) el arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada. Para la elaboración de su Historia, el Toledano debió manejar otras crónicas y fuentes, lo que le permite narrar sucesos más lejanos en el tiempo, como la citada batalla, relatada en la Crónica de Albelda, en el Cronicón de Sampiro y en la Crónica Najerense [10].

También la Crónica General de España, escrita entre 1270-1289[11] alude a la batalla de la Polvorosa. Es aquí por primera vez donde aparece el nombre del rey de Mérida, Orés, pues en las crónicas anteriores el caudillo muslim aparece bajo otro nombre.

649. Capítulo de commo el rey do Alfonso vençio los moros que tenien çercado Benavent et Çamora[12]

            Andados V annos del regnado del rey don Alfonso el Magno -et fue esto en la era de DCCC et LXXIX annos, et andava otrossi estonces ell anno de la Encarnation del Señor en DCCCXLI anno, et del imperio de Lotario emperador de Roma en cinco –este rey don Alfonso estándose ell en su tierra assessegado et en paz, llegol mandado como Ores rey de Merida le avie entrado en la tierra con grand hueste et que fincara sus tiendas sobre Benavent et la tenia cercada. Et este rey don Alfonso, luego que estas nuevas le llegaron, cogiose con su yent, la que luego all ora pudo aver, et fuese pora Benavent quanto pudo, et fallo y los moros así comol dixieran. Et en llegando, firio luego en ellos, et vencio el rey don Alfonso al rey Ores, et moriron y muchos moros; et con ellos mato y el rey don Alfonso a aquel Ores rey de Merida. Et cuenta aquí la estoria de cómo en esta batalla fue Bernaldo muy bueno, et lidio y muy de rezio. Vençuda esta batalla alli, llegaron y a este rey don Alfonso estas otras nuevas: como otro moro poderoso que avie nombre Aclaman era venido con muy grand hueste sobre Çamora, et que la tenie cercada. El rey don Alfonso otrossi luego que lo oyo, tomose con unos pocos de caballeros que fincaran con el, ca todos los otros se fueran pues que la batalla de Benavent fuera vençuda et librada, et el rey metiose con aquellos pocos que aduzie dentro en la villa, et envio luego mandado por toda su tierra de lo que avie fecho, et como se metiera en Çamora, et quel acorriessen”.
´Cimanes de la Vega. Procesión.

* * *

            De todo ello se infiere que la formación de la leyenda es, necesaria
mente, posterior a finales del siglo XIII, ya que las crónicas se limitan a narrar la batalla, pero no hacen intervenir auxilio divino alguno, a pesar de que ello no resultaba ajeno a los cronistas. Por lo tanto, en algún momento entre el siglo XIV y el siglo XVII debió formarse la leyenda y debióse adoptar el icono mariano sobre el puente como referencias en las armas de la villa de Benavente, tal como nos aparece ya en el siglo XVII.



[1] J. LEDO DEL POZO, Historia de la nobilísima villa de Benavente. Benavente 2003, pp. 134-139.


[2]
Cual Betulia Benavente
lloraba desconsolada,
de Ores, rey moro, cercada
con doce mil de su gente:
D. Alonso, rey valiente
de León al cerco llega,
y de sangra mora riega
la campaña hasta la hermita,
en que esta Judit bendita
fue libertad de la vega.
Si con al piedra David
del torrente del Cedron
fue del mundo admiración,
ganando la mayor lid;
tu Hija lamas feliz,
piedras tirando á dos manos,
venciste los africanos,
que cercan á Benavente,
negándoles paso al puente,
para librar los cristianos.

J. LEDO DEL POZO, Historia de la nobilísima villa de Benavente. Benavente 2003, pág. 138.

[3] Según recoge LEDO DEL POZO, Op. cit., pág. 139.

[4] “Crónica Albeldense”. En Crónicas Asturianas. Introducción y edición crítica de Juan Gil Fernández, Traducción y notas de José L. Moralejo y estudio preliminar de Juan I. Ruiz de la Peña. Oviedo, 1985.

[5] Ibidem, XV, 12 –28, pág. 251.

[6] E. FLÓREZ, España Sagrada. Theato Geographico-Historico de la Iglesia de España. Origen, divisiones, y limites de todas sus provincias. Antigüedad, Traslaciones, y estado antiguo y presente de sus Sillas, con varias Dissertaciones criticas.Tomo XIV. De las iglesias de Abila, Caliabria, Coria, Coimbra, Ebora, Egitania, Lamego, Lisboa, Ossonoba, Pacense, Salamanca, Viséo, y Zamora, según su estado antiguo. Reedición de la de 1758, Madrid 1905, pág. 423. El Cronicón entre las pp. 419-457.

[7] E. FLÓREZ, op. cit., pág. 440.

[8] Ver la edición de la Crónica Najerense, a cargo de Juan A. Estévez Sola. Akal. Clásicos latinos medievales y renacentistas. Marid 2003, pp. 31-32.

[9] Crónica najerense, op. cit. pág. 132

[10] Ibidem, pág. 181.

[11] R. MENÉNDEZ PIDAL, “Estudio sobre la Primera Crónica General” (1955). En apéndice a la edición de la Primera Crónica General de España. Madrid 1977. Tomo II, pp. 849-892.


[12] Ibidem. Tomo II, pág. 370.

1 comentario:

Orión de Panthoseas dijo...


Sólo decir que "Vecilla de la Polvorosa" es mi pueblo y que, por eso, le dedico el siguiente poema:



CANTO CENITAL AL ÓRBIGO


... ah, Órbigo del alma,
que nunca se detenga este curso dolido de tu cuerpo;

... cuando apenas la infancia era de mimbre y el aire iba soñando cigüeñas y vencejos,
yo fui una golondrina que, irguiendo la mañana, surcó las celosías profundas
de tu vientre ;

... tú acogiste las lluvias boreales que no tuvieron cuencas de retorno,
desde allá de la tierra a mi verdear venías palpitando,
vestal al tiemblo del amante;

... en Vecilla, mi corazón;
................................
................................

... ah, nunca supe tras qué canto o trágica arboleda
hicimos estremecer la tarde;
paro el tiempo, sin embargo, y las horas regresan cenicientas,
aventadas con bieldos y pasmos de memoria;

... sabes bien que el precio de las aguas es irse y acabarse
u orillar el pecho aquí, en este recodo, Vecilla para siempre;
... Órbigo mío, arpa herida que asumes el rumor de este momento.

http://www.oriondepanthoseas.com