lunes, 22 de mayo de 2017

La frontera de León: Castroverde



LAS DEFENSAS Y EL FUERO

Santa María (Castroverde).

El lugar estaba ya ocupado al menos desde el siglo X, cuando Ordoño II cedía sus iglesias a la catedral de León. El trazado de la población está en función de su  emplazamiento, siguiendo la línea de la “carrera zamorana”.[1] Fue una de las villas dada en arras por Fernando II a su esposa Urraca[2].

Nada queda de sus antiguas defensas. Gómez Moreno recoge que “aun queda el recuerdo de su cerca, que era de tierra, y los nombres de “rondas” y “puerta de villa”[3].

Castroverde contó con un alcázar, cuyo recuerdo queda en un barrio situado al extremo norte de la localidad, donde muere la ronda. J. A. Gutiérrez González señala que “en el extremo noreste de la villa se aprecia un pequeño altozano terreno rodeado por un talud que cae hacia el valle, en las inmediaciones del puente medieval”, haciendo observar que “posiblemente se tratara de una mota construida con las arcillas locales”[4].

Restos de la muralla de Castroverde.

Al parecer, la cerca estaba constituida por un muro de tapial, de la que aún se conservan restos aprovechados para asientos de edificio en las conocidas como “rondas de la villa[5] (Fig. 10). Las llamadas “rondas” de Arriba y de Abajo dibujan una planta ovalada. La documentación alude a la existencia de varias puertas: la de la Villa de las Piedras, la del Pozo del Molino, si bien parece que hubo otras dos más[6].
Las defensas no impidieron la toma por parte del ejército de los reyes de Castilla y Navarra en el ataque a tierras leonesas de 1197. Martínez Sopena supone que su población no estaba cercada en el siglo XIII, argumentando que “en este época no se habla de que los habitantes de las aldeas de Castroverde deban contribuir a reparar más que el castillo”[7]

Castroverde en el siglo XVI.

Tal vez la ausencia de murallas es lo que facilitó al ejército castellano la toma de la villa en 1197, defendida por el conde Fernando de Cabrera, mientras que lugares mejor defendidos como Benavente o Astorga no pudieron ser tomadas. No obstante, Gutiérrez González indica que las campañas castellanas de 1165 y 1168 “motivarían la dotación defensiva de la villa por Fernando II hacia 1187”.[8]

Después de la guerra, Alfonso IX concedió fuero a Castroverde (1199) y su castillo formó parte del lote entregado en arras por el monarca leonés a Berenguela en el acuerdo de 1199. Tenemos noticias de sus tenentes; en 1185 lo era Pedro Gascón[9] y en 1189 lo fueron Pelayo Nicolás y García López.[10]

Alfonso IX. Bayona.




[1] P. MARTÍNEZ SOPENA: La Tierra de Campos occidental. Poblamiento, poder y comunidad del siglo X al XIII. Valladolid 1985, pág. 176.

[2] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Madrid 1944. Tomo I, pág. 18.

[3] M. GÓMEZ MORENO: Catálogo monumental de España. Provincia de Zamora. Madrid 1927. Reed. León 1980, pág. 285.

[4] J. A. GUTÍERREZ GONZÁLEZ: Fortificaciones y feudalismo en el origen y formación del reino leonés (siglos IX-XIII). Zaragoza 1995. pág. 378.

[5] F. P. FERNÁNDEZ ALCALÁ: “Las cercas de la villa”. En Castroverde de Campos. Notas de su historia y patrimonio. Benavente 2011, pp. 37-40.

[6] Ibidem, pág. 39.

[7] P. MARTÍNEZ SOPENA: La Tierra de Campos occidental. Poblamiento, poder y comunidad del siglo X al XIII. Valladolid 1985, pág. 169.

[8] J. A. GUTÍERREZ GONZÁLEZ: Fortificaciones y feudalismo en el origen y formación del reino leonés (siglos IX-XIII). Zaragoza 1995, pp. 379-380.

[9] Pedro Gascón era a la vez tenente de Villalpando y Villafrechós. J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Tomo I. Madrid 1944,  pág. 52.


[10] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Tomo I. Madrid 1944,  pág. 351.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La frontera leonesa en la Tierra de Campos

DEFENSA Y REPOBLACIONES EN LA TIERRA DE CAMPOS ZAMORANA.


Alfonso IX. Catedral de Santiago.
Siendo esta una tierra en litigio, los monarcas de León se ocuparon de asegurar la defensa del territorio. Para ello promovieron políticas de repoblación, relanzaron los sistemas de fortificación y buscaron la colaboración de magnates, tanto civiles como eclesiásticos. Así, Alfonso IX se amparará en el obispo de Zamora como un agente del poder real en la frontera con Castilla, como lo hará también con el propio prelado y con el de Ciudad Rodrigo en la de Portugal.

La repoblación en las cercanías de la frontera castellana afectó en el reinado de Fernando II a poblaciones como Granada[1], Mayorga, Benavente, Mansilla (Fig. 9), Villalpando y Coyanza, como recogen las crónicas de Lucas de Tuy y Ximénez de Rada.[2]


Murallas de Mansilla (León).
Mayorga fue repoblada en 1181, tras la paz de Medina de Rioseco. Ese mismo año, el monarca leonés amplió términos al concejo de Benavente, una plaza situada en el corazón del reino, cerca de Castilla y, a la vez, orientada hacia Portugal[3], que el rey había repoblado entre 1164 y 1167[4].

Los conflictos de 1165 hicieron que Fernando II se traslade a la frontera oriental. El 25 de octubre de ese año el monarca está en Coyanza y cinco días después en Villalpando, plaza que tenía un tenente o representante del poder regio[5]. De nuevo vemos al monarca en Villalpando en julio 1179, tras el ataque de las tropas castellanas a la Tierra de Campos y en 1181, después de la firma de la paz de Medina de Rioseco.
Sello Alfonso IX. Fuero de Belver.

Por su parte, Alfonso IX se preocupó también de fortalecer la presencia real en la frontera oriental de la Tierra de Campos. Concedió fuero a Castroverde en enero de 1199, poco más de un año después de que la plaza fuera tomada por las tropas castellanas. En octubre de 1208 hizo lo propio con Belver los Montes, siguiendo el texto foral concedido a Castroverde[6].







[1] La actual Granadilla, en Cáceres, próxima a la calzada de la Guinea, en la frontera oriental con Castilla.

[2] Lucas de Tuy, Crónica de España. Edición de Julio Puyol. Madrid 1926. Cap. LXXXIII, pág. 403. R. Jiménez de Rada: Historia de los hechos de España. Libro VII, cap. XXXI. Madrid 1989, pp. 289.

[3] Así hay que entender la concesión al concejo benaventano del castillo de Mira, en la Sierra de la Culebra, entre Aliste y Sanabria, dado el dominio de Afonso Henriques en tierras alistanas. Véase nuestro trabajo: “Frontera y territorio en el sur del reino de León”. El Reino de León en la época de las Cortes de Benavente. Benavente 202, pág. 12. nota 18.

[4] P. MARTÍNEZ SOPENA, V. AGUADO, R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: Privilegios reales de la villa de Benavente (siglos XII-XIV). Salamanca 1996.

[5] Véase la relación de tenentes en J. GONZÁLEZ: Regesta…, pág. 190.


[6] J. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ: Los fueros locales de la provincia de Zamora. Salamanca 1990, pp. 149-155 y 315-319.

viernes, 12 de mayo de 2017

El Reino de León tras la muerte del Emperador


LA DECISIÓN DE ALFONSO VII
Alfonso VII. Catedral de Santiago

Alfonso VII, el Emperador, dispuso que a su muerte su dominio fuera dividido entre sus hijos. Al mayor, Sancho, correspondió Castilla y Toledo y al segundo, Fernando, el reino de León (Galicia, Asturias, León y la Transierra).

Lucas, obispo de Tuy, recoge en su crónica, escrita ena tercera década del siglo XIII:

En la hera de mill e cinto e noventa y çinco, después de la muerte del emperador, los dos hijos suyos Sancho y Fernando començaron a reynar, cada uno a la parte que su padre les avia dado…Mas el rey Fernando, fijo del emperador Alfonso, hermano del rey don Sancho, reynava en esse tiempo en Leon y en Galizia, que lo avia heredado, y muerto su hermano Sancho, él ganó gran parte del reyno de Castilla. Y criava él a Alfonso, hijo de su hermano, moço, el qual avia dado en guarda al conde Manrique.”[1]
Fernando II de León
Así pues, desde 1157, fecha del óbito del Emperador, hasta 1230, cuando muere el monarca leonés Alfonso IX, los reinos de Castilla y León seguirán caminos diferentes, con objetivos expansionistas hacia el sur, pero donde las fricciones en las relaciones entre ambos fueron constantes, lo que llevó a diversos conflictos militares y a los consiguientes tratados de paz. En el caso de León, los intereses expansionistas no chocaban solamente con Castilla, sino también con Portugal. Con el tiempo, León intentó abrirse paso hacia las vegas del Tajo y del Guadiana, comprimido por castellanos y portugueses, so temor de quedarse estrangulado. En ese contexto tiene lugar los combates con los portugueses por Badajoz a partir de 1169, como bien relata Julio González en su Regesta de Fernando II (77-82).

La poco asentada o dibujada línea fronteriza del reino de León hacia los flancos oriental y occidental llevó a los monarcas leoneses al impulso de una política repobladora que trataba de asentar efectivos demográficos y asegurar la defensa del reino. Surgen o renacen villas como Benavente, Villalpando, Belver, Mayorga, Castroverde, Ledesma, Ciudad Rodrigo o, más tardíamente, la Puebla de Sanabria, entre otras.
Murallas de Villalpando.





[1] Lucas de Tuy, Crónica de España. Edición de Julio Puyol. Madrid 1926. Cap. LXXXIII, pág. 402.

domingo, 7 de mayo de 2017

Castillos en la frontera: Alberguería de Argañán


HISTORIA Y DESCRIPCIÓN

Castillo de Alberguería.
Dentro del sistema de fortificaciones de frontera en la Raya de Portugal, se encuentra el castillo de Alberguería de Argañán, declarado Bien de Interés Cultural (22 de abril de 1949, BOE de 5 de mayo. La fortaleza se encuentra en el centro de la población de Alberguería de Argañán, localidad salmantina situada en la comarca de Ciudad Rodrigo. Se trata de una construcción fabricada en mampostería de granito. Los restos conservadas parecen remontarse, al menos al siglo XV, lo que proclama la decoración de bolas que aparece en algunos vanos. El lugar pertenecía al concejo de Ciudad Rodrigo, pero, ya desde 1376 lo tenían usurpado los Pacheco[1].

El castillo en la Baja Edad Media

Precisamente, la fortaleza fue mandada levantar por Juan Pacheco. En 1474 la jurisdicción de la Alberguería fue entregada a Alvar Pérez Osorio, marido de María Pacheco, por entrega del rey Enrique IV. El monarca le entregaba el lugar para que se poblara y en agradecimiento a los servicios prestados por su montero mayor, Esteban Pacheco, padre de la dicha doña María. 
Alberguería. Castillo.
Realmente la donación no hacía sino corroborar una situación de hecho, pues María Pacheco ya poseía la fortaleza, situada “en la frontera del regno de Portugal, junto con la raya del dicho regno”[2]. Sin embargo, el lugar le fue enajenado por los Reyes Católicos, ya que Alvar Perez Osorio tomó partido por el bando portugués en la Guerra de Sucesión castellana. Su hijo intentó recuperarlo, invadiendo las dehesas de Alberguería en los primeros años del siglo XVI[3]

En 1507 era alcaide del castillo D. Gonzalo de Guzmán, con los títulos de conde de Gelves, señor de Guzmán, Aviados, Toral y Valle de Boñar; casado con Maria Osorio, hija de Pedro Álvarez Osorio, primer conde de Trastamara, y hermana de Alvar Pérez Osorio.

Independencia de Portugal

El lugar y castillo jugaron un papel destacado en la Guerra de Restauración de Portugal. De esa época (1643) son los planos que se encuentran en el Archivo General de Simancas[4]


Planta del castillo de Alberguería (AGS).

En el año 1643, Alvaro de Abrantes, gobernador de la Beira (Portugal) atacó la Alberguería, de la cual se apoderó entregándola a las llamas, pero no pudo rendir el castillo que la protegía, retirándose a Alfayates después de talar la campiña y llevarse los ganados. De nuevo, en marzo de 1660 los portugueses invadieron el campo de Argañán con 6000 infantes y ochocientos hombres a caballo, siendo tomado el castillo de Alberguería. En 1661 el castillo seguía en manos portuguesas. El 23 de julio de ese año, el duque de Osuna, gobernador general de esta parte de la frontera, partió de Ciudad Rodrigo, dispuesto a sitiar y recuperar el castillo, defendido por Antonio de Andrade, el cual sólo pudo defenderlo seis horas. El 3 de agosto de 1661 el Rey envía un despacho real al Duque de Osuna pidiéndole que fortifique Valdelamula y que restaure el castillo de Alberguería (A.G.S. Leg. 2055).
Los vaivenes de la guerra debieron hacer que villa y castillo volvieran a manos portuguesas, pues en 1664 los ejércitos de la monarquía española tomaron Valdelamula y recuperaron Alberguería de Argañán, fracasando en la toma de Almeida

Pero no fue solamente la guerra la que contribuyó al deterioro del castillo. En febrero de 1665 un temporal de lluvias arruinó buena parte de las fortalezas rayanas con Portugal, entre ellas de Ciudad Rodrigo, Saelices, La Hinojosa, Alberguería, Fuenteguinaldo, La Puebla de Sanabria, Badajoz y las de Olivenza y Jurameña.

AGS. MPD, 56, 089. Mapa de la frontera entre España y Portugal, 1643.
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Descripción de los restos

El castillo es de planta cuadrada, con refuerzo de cubos en las esquinas y en los paramentos centrales. En la actualidad presenta un avanzado estado de ruina, pero se conserva prácticamente casi todo su perímetro, eso sí, muy colmatado por escombros y desfigurado por añadidos de cobertizos y corrales del propio caserío de la población. El inmueble ya presentaba ruina a mediados del siglo XIX, pues Madoz, escribe al referirse a la población: “un castillo derruido que sirve de apoyo a algunos edificios”[5]. Asimismo conserva bien el alzado de los muros internos, que alcanzan, grosso modo los seis o siete metros de altura y que, seguramente serán mayores, dada la colmatación de materiales. En el patio de armas, se abren dos viviendas de planta baja. 
Viviendas en el interior del castillo de Alberguería.
[1] En 1376 el juez regio Gonzalo Pérez de Zamora, después de tomar declaración a varios testigos, falló que Esteban Yanes Pacheco tenía ocupados devasos municipales del concejo de Ciudad Rodrigo, entre ellos varios en las Alberguerías. A. BARRIO, J. Mª MONSALVO y G. DEL SER, Documentación medieval del archivo municipal de Ciudad Rodrigo. Salamanca, 1988, doc. 19 y 20.
[2] R. CUNHA MARTINS, Portugal en el Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo. Salamanca 1997, pág. 116.
[3] E. COOPER, Castillos señoriales de Castilla, Salamanca 1991, Vol. II, pág. 431 y vol. III, doc. 49.
[4] Plano del Negociado de Guerra, sig nº. 1469, incluido en carta de Dn. Hurban de Ahumada, de 13 de Diciembre de 1643 .
[5] P. MADOZ, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1845-1850. Reed. de Ámbito. Valladolid, tomo V, 1984, pág. 44.

Este texto que hoy incluyo en el blog, formó parte del proyecto que presenté en la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León en noviembre de 2003. "Propuesta de integración en el Programa Interreg III A, sobre Patrimonio Fortificado de Frontera. Origen e Historia. Revalorización del Castillo de Alberguería de Argañán (Salamanca)".


La Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León fue el primer socio del proyecto Patrimonio Fortificado en la Frontera. Origen e Historia. Propuesta común de intervención y revalorización, concedido dentro del marco del programa Interreg III, en colaboración con el IPPAR de Portugal. El proyecto recogía la rehabilitación, recuperación e intervención arqueológica de varios castillos y yacimientos castreños tanto de España como de Portugal situados en torno a la Raya.

martes, 2 de mayo de 2017

Una villa terracampina en la Edad Moderna: Villalpando

LA VILLA EN LAS DESCRIPCIONES DE 1645 Y 1829

Villalpando fue en la plena Edad Media una villa de realengo, poblada por el rey de León Fernando II de León hacia 1170 como plaza leonesa en la frontera con Castilla. El proceso de señorialización se inició con Alfonso IX, que entregó la villa a Juan Alfonso de Benavides. Despojado este del señorío, el rey Enrique II la entregó a Arnao Solier en 1369. Tras la muerte de doña María Solier en 1427, el señorío de la villa vino a parar a don Fadrique Enriquez, hijo del Almirante de Castilla, y a su esposa doña Sancha de Velasco Solier. Pero perdida la confiaza real, la villa fue entregada a don Pedro Fernández de Velasco y Solier, conde de Haro, en cuya familia -los Velasco- quedó la villa hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.

En la Población General de España, de Rodrigo Méndez Silva (1645), describe a Villalpando como una villa amurallada, que contaba con diez parroquias, tres conventos de frailes, uno de monjas, seis ermitas y un hospital. Silva señala también su plaza cuadrada[1] y el palacio de los Condestables de Castilla, al que califica de “suntuoso”, con torres guarnecidas de artillería. Alude el cronista portugués a su decadencia, pues en su tiempo contaba con 400 vecinos, de los 2.000 que llegó a tener; ello se debía a que el trato y el comercio se habían desplazado a Medina de Rioseco[2]. Se refiere también a su escudo: "un sol, junto con las armas del Condestable de Castilla, su dueño".

Plaza Mayor (Villalpando).
 Villalobos, perteneciente a los Osorio, marqueses de Astorga, estaba también cercada de murallas y habitada por 300 vecinos repartidos en tres parroquias. Contaba con un convento de monjas franciscanas, que es el que todavía se mantiene. De aquí pondera Méndez Silva la buena cosecha de sus vinos,  mientras que de Villalpando añade que es “abundante de pan vino, caças y ganados”. 

A principios del siglo XIX parece advertirse cierta decadencia en Villalpando, al menos para los informantes del Diccionario de Sebastián Miñano (1825-1829), que comparan el momento con el pasado. Así, después de recordar que en otro tiempo el vecindario estaba dedicado al comercio, pero que esta actividad se había desplazado a la villa de Rioseco (lo mismo que alude Méndez Silva), se señala que “la agricultura no hace grandes progresos”, y que sus gentes “tienen una ciega aversión á todo arbolado”. Por entonces, Villalpando contaba con 2.732 habitantes, ocho parroquias, tres conventos (dos de frailes y uno de monjas), un hospital arruinado y un pósito. En la villa había también caja de Correos y casa de postas con ocho caballos y se celebraba un mercado todos los martes. Por su parte, Villalobos tenía 1.480 habitantes repartidos en tres parroquias, un convento de monjas, un pósito y un hospital.

Descripción de Rodrigo Méndez Silva (1645)


Villa de Villalpando
Rodrigo Méndez Silva.
Capitulo CIV (fol. 39 v)

            Esta Villalpando cinco leguas de Toro, en alegre llano, abundante de pan, vino, caças y ganados, por grandes partes: es cerca de muros, quatro puertas, con su poço de agua cada una. En tiempo de nuestros abuelos fue lugar de dos mil vezinos, mucho trato y comercio, que se passó à Medina de Rioseco, al presente serán quatrocientos, divididos en diez parroquias, tres Conventos de Frayles, uno de Monjas, seis Hermitas, buen Hospital, hermosa plaça, quadrada, fuera de quatro menores. Goviernanla Corregidor, dos Alcaldes Ordinarios, quatro Regidores, dos Procuradores, alcançando jurisdiccion de ocho lugares. Haze por armas un escudo un sol, junto con las del Condestable de Castilla su dueño, quinze escaques, siete deveros açules y blancos, ocho dorados. Aquí tienen estos señores suntuoso Palacio, y cada fuerte guarnecida de artilleria. Poblola el dicho Rey don Fernando Segundo de Leon, corriendo años 1170.

Prueva de lo referido

Don Alonso el Sabio, part. 4, cap. 8. el Arçobispo Don Rodrigo, vida de Fernando Segundo. Garibay, lib. 12. cap. 14. Ariz historia de Avila, part. 3. fol. 9. Rades, Coronica de Santiago, fol. 3.


[1] También Bernardo de Aldrete destaca su plaza: “Villalpando, gran lugar con una buena plaça i bien proveida hasta aceitunas sevillanas i Cordobesas”.


[2] R. MENDEZ SILVA, Población general de España. Ed. de Madrid 1675, fol. 39 v.