lunes, 26 de junio de 2017

Rutas jacobeas en el norte de Zamora

DE BENAVENTE A ASTORGA

Puente de La Vizana.
 La vía debía seguir el valle del Órbigo, por Manganeses de la Polvorosa, Morales del Rey, Coomonte, Alija, Villanueva de Jamuz y La Bañeza. En el siglo XVIII el camino de Benavente iba a Villabrázaro, Paladinos, Maire, La Vizana, cercanías de Alija, Navianos, San Juan y La Bañeza y, desde aquí, a Astorga. El Órbigo se cruzaba en La Vizana, o por el puente o en barca, cuando aquel estaba inservible. Aquí, por un puente de madera, cruzó el río Bernardo de Aldrete en 1612, no sin cierta temeridad.
Era esta una de las principales comunicaciones con Galicia. A finales del siglo XV Jeronimus Münzer empleó diez jornadas desde Santiago a Benavente, por un camino “fragoso y pésimo”. Salió de Santiago el 21 de diciembre y después de pasar por Ferreiros, Mellid, Segonde, Puerto Marín, Sarria, El Cebrero, Villafranca, Rabanal y Val de San Lorenzo, llegó el penúltimo día del año de 1494 a Benavente. Münzer hizo el recorrido empleando jornadas de ocho y nueve leguas, salvo la última etapa entre Val de San Lorenzo y Benavente, donde recorrió diez leguas, pero eso sí, “madrugando antes del alba, y caminando a buen paso [1].

Peregrino. Grabado siglo XVI.
La misma ruta siguieron pocos años después Antonio de Lalaing, señor de Montigny, Carlos de Lannoy, señor de Saintzelles y Antonio de Quiévranis, señor de Monceaux, a la vuelta de Compostela, invirtiendo nueve jornadas entre Santiago y Benavente, a donde llegaron el miércoles 16 de marzo de 1502, con el siguiente itinerario: Ferreyros (5 leguas), Mellid (5), Guntin (5), Puerto Marín (4), Sarria, Triacastela (4), Santa María de Severe (7), La Vega (4), Villafranca (3), Ponferrada (5), La Sierra (3), Rabanal (4), Astorga (5), Toral (5) y Benavente (5)[2]. La distancia recorrida en cada jornada oscilaba entre ocho y diez leguas, aproximadamente, aunque también se hicieran jornadas más cortas, como las dos últimas, de cinco leguas o, incluso de 11 leguas (entre Sarria y Santa María). A las propias dificultades orográficas se unían también las consecuencias de la climatología. 
Hospital de peregrinos, Benavente.

Más o menos, el trazado coincidía con la Cañada de la Vizana, una de las vías pecuarias que unían las tierras occidentales leonesas con las de la Baja Extremadura. Muy posiblemente la ruta estaba ya configurada antes de la repoblación que Fernando II llevó a cabo en Benavente en la segunda mitad del siglo XII. Los viajeros y peregrinos cruzarían el Esla por el puente que hizo Pedro de Deustamben en El Priorato en el reinado de Fernando I. Este puente, situado entre Villaveza y Milles de la Polvorosa, abría la ruta hacia Arcos, Santa Colomba, Santa Cristina y Manganeses de la Polvorosa, para tomar ya el valle del Órbigo en dirección a la antigua ciudad de Astorga[3]. La construcción del puente de Castrogonzalo, posiblemente antes de finalizar el siglo XII, permitió a los viajeros cruzar el Esla más arriba y llegar a Benavente, sin necesidad de cruzar el Órbigo.


[1] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. I, pág. 362-364.


[2] Las poblaciones donde pernoctaron van señaladas en cursiva.
[3] Sobre ello, R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, “Repoblación y reorganización de la red viaria. El puente de Deustambem (siglos XII-XIV)”. Brigecio, 6. Salamanca 1996, pp. 153-178.



miércoles, 21 de junio de 2017

El Camino de Santiago en el norte de Zamora

VALLES DE BENAVENTE

Peregrinos. Grabado de 1850.
Las tierras del norte de la actual provincia de Zamora fueron zona de paso hacia el Finisterre atlántico, hacia las tierras gallegas, en donde Compostela se erguía como reclamo y como meta de los caminantes.

Al menos desde época romana, si no antes, el septentrión zamorano, fue una zona de paso obligado entre el sur y el centro de la Península Ibérica con las tierras del noroeste. La Vía de la Plata, que unía Mérida con Astorga, pasaba por las mansiones de Pretorium (Bretó) y Brigecio (en las inmediaciones de Benavente).

En esta última cruzábase también la vía que unía Astorga con Zaragoza. Durante la repoblación medieval, la vía de la Plata, llamada entonces calzada de la Guinea, fue utilizada por los reinos cristianos y musulmanes en sus incursiones y expediciones militares. Al tiempo que avanzaba la repoblación y expansión de leoneses y castellanos, primero hacia el Tajo y luego hacia el Guadiana, se fue también abriendo paso la trashumancia de los rebaños que, en su mayor parte, seguían el trazado de esta vía. Por aquí también orientaron sus huellas los peregrinos que, desde el sur de la Península, se dirigían a venerar las reliquias del apóstol Santiago en Compostela.


Santaigo peregrino. Santa Marta de Tera.
Desde la época de la repoblación, pues, la villa de Benavente -antes Malgrat- se convirtió en zona de paso de los viajeros del sur; pero también de los que venían desde el centro peninsular, de las tierras vallisoletanas, abulenses y madrileñas. En el siglo XII, las comunicaciones con Castilla desde Benavente se hacían a través de las plazas leonesas de Mayorga, Castroverde y Villalpando. Con el tiempo, los caminos hacia el centro peninsular fueron cobrando mayor relevancia, fruto de la estancia de la corte en Valladolid y, sobre todo, una vez que Felipe II la trasladó a Madrid.

Camino de reyes y de viajeros ilustres. Por Benavente pasaron, entre otros, los Reyes Católicos en 1486, tanto a la ida como a la vuelta de Compostela[1]; Carlos I en 1520 en su primer viaje a Santiago, donde había convocado Cortes, pasó por Benavente, procedente de Burgos y Valladolid[2]; el futuro emperador Maximiliano de Austria que, en compañía del conde-duque de Benavente, viajó en 1548 de Valladolid a Santiago en cinco jornadas, a través de la vía del Tera y Sanabria[3]
Puerta de Santiago, del castillo de Benavente.
También el entonces príncipe Felipe en 1554 pasó y se hospedó en Benavente camino de La Coruña para embarcarse hacía Inglaterra[4]. Viajeros como Jeronimus Münzer en 1494 o Antoine de Lalaing en 1502 pasaron también por esta villa a su regreso de visitar la tumba del Apóstol[5].
Benavente se convertía así en una encrucijada de caminos hacia Galicia y hacia las tierras de la Meseta, como lo sigue siendo hoy.

En Benavente y su comarca se abrían y se abren, pues, dos vías alternativas hacia Santiago. Una, siguiendo el camino hacia Astorga, para enlazar con el Camino Francés, y, otra, remontando el curso del valle del Tera y la alta Sanabria para adentrarse en las tierras orensanas de la Gudiña y Allariz y, desde aquí, hacia Compostela.

http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2014/09/jose-ignacio-martin-benito-juan-carlos.html








[1] J. LEDO DEL POZO, Historia de la nobilísima villa de Benavente, con la antigüedad de su condado,  principio de su condado, sucesos y hazañas heroicas de sus condes. Zamora, 1953. Reed. Facsímil del C.E.B. “Ledo del Pozo”. Benavente, 2000, pág. 279.

[2] J. LEDO DEL POZO, Op. cit., pp. 283-284.

[3]M. SIMAL LÓPEZ, Los condes-duques de Benavente en el siglo XVII. Patronos y coleccionistas en su villa solariega. Benavente, 2002, pág. 46, notas 41 y 42.

[4] A. MUÑOZ, Sumaria y verdadera Relación del Buen viaje que el inuictíssimo príncipe de las Españas don Felipe hizo a Inglaterra. Zaragoza, 1554. Reedición de la Sociedad de Bibliófilos españoles. Madrid, 1877, con notas de P. Gayangos.


[5] J. MÚNZER, Viaje por España y Portugal. Ed. Polifemo. Madrid, 1991, pp. 207-211 y J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Madrid, 1952, 3 vols.

viernes, 16 de junio de 2017

El paso del Esla en Castrogonzalo



PUENTES Y BARCAS
                                                

Puente de Castrogonzalo.
Una de las mayores dificultades de los caminos fue siempre el paso de los ríos. Las dificultades se acentuaban en época de lluvias que provocaban crecidas o “enriadas”. La seguridad del paso descansaba, en principio, en los puentes de piedra, que hasta finales del siglo XX fueron casos contados.

El de Castrogonzalo fue uno de los pocos puentes levantados sobre el cauce del Esla. El inicio de su construcción debe datar de finales del siglo XII. A principios del siglo XIII debía estar acometiéndose la construcción del denominado puente de Santa Marina; su prosperidad derivó en la celebración de una feria en Los Paradores. Sin embargo, las constantes avenidas del Esla fueron deteriorando la fábrica, de modo que hacia 1345 el puente estaba en ruina. 
  
Puentes sobre el Esla

Otros puentes sobre el Esla fueron el de Mansilla de las Mulas, aguas arriba de Castrogonzalo, y el del Priorato de Milles de la Polvorsa (el denominado puente de Deustamben) y Castrotorafe, aguas abajo, pero estos últimos terminaron por arruinarse y, al no volver a recomponerse, desaparecieron. El del Priorato debió perderse en el siglo XIV. Por su parte, parece que desde el siglo XII la villa de Castrotorafe contó con un puente de piedra sobre el Esla, que se mantuvo activo hasta su destrucción en el siglo XV, según información recogida por la visita a la Encomienda santiaguista en 1494.

El río Esla y varios pasos de barca.
Muy cerca a Castrotorafe, en San Pelayo (despoblado de San Cebrián de Castro), se levantaron puentes de madera. Uno de ellos se construyó por mandato de Real Orden de 20 de julio de 1801, de modo que la barca que había en este tramo del río se retiró; finalmente el puente acabó por llevárselo el río y la Administración General de Correos y Caminos tuvo que habilitar nuevamente el paso en barca. De modo que el de Castrogonzalo fue, durante siglos, el único puente de piedra existente entre Mansilla de las Mulas y la desembocadura del Esla. Y es que aguas abajo de Castrogonzalo, el Esla no contó con un paso fijo y estable hasta 1869, cuando se abrió al tráfico el puente de La Estrella, levantado con motivo del proyecto de construcción de la carretera de Villacastín a Vigo.

Las aguas se llevaron varias veces el puente de Castrogonzalo. Para solventar la necesidad del paso, entre tanto se procedía a reparar los desperfectos –lo que en ocasiones podía demorarse durante años- , los caminantes recurrieron al uso de barcas o atravesaron el río por un puente de madera. Por uno de estos puentes lo hizo en 1612
Peregrino
Bernardo de Aldrete, canónigo de la catedral de Córdoba, a su regreso de la peregrinación a Compostela, camino de Madrid:

 “Março 7. Miércoles de la ceniza salimos de Benavente al salir del sol con mucho frio i vientos i a cosa de una legua llegamos al rio Esla que va dividido en dos braços. El uno que lleva poco agua tiene una hermosísima puente, el rio huió della y pasó a otro lado donde va todo el golpe del agua que es mucha i todo el rio a inclinado a esta parte donde está començada otra puente. Pero pássase por una de madera como la del Orbigo, i la passamos con la misma temeridad, que reconocimos vista la pujança i furia del rio”.

Así pues, en momentos en los que el puente estaba deteriorado o cortado, resultaba un auténtico embarazoso salvar el río a la altura de Castrogonzalo, circunstancia esta bastante común a lo largo del tiempo.

En el Archivo Municipal de Benavente se conserva abundante documentación sobre repartimientos para reparar el puente, hacer obras de ampliación o reparar las partes en ruina, son constantes a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII y en ellos intervenían diversas villas y ciudades. En el repartimiento que se hizo en 1656 contribuyeron los lugares situados en un radio de acción de 24 leguas.
Estragos de las crecidas de la primavera de 2016.

Cuando el puente estaba ruinoso, en ocasiones se procedía a tender unas maderas para que pudieran pasar personas y caballerías. Pero muchas veces no bastaba con ello y hubo de recurrirse a las barcas como transporte alternativo para poder cruzar el cauce.

Conocidos son los sucesos ocurridos en los últimos días de fnales de 1808, en la Guerra de la Independencia, cuando, volado el puente, por los ingleses, los franceses se lanzaron a buscar barcas por los alrededores. Ello retrasó la persecución de Napoleón que, finalmente, cruzó el Esla, como ya hemos informado en otro post.
El puente, tras la restauración de 2016-2017.

domingo, 11 de junio de 2017

El castillo de Ciudad Rodrigo



"UNA DE LAS BUENAS CASAS DEL REINO"

El castillo desde la batería.

El viajero que llega a Ciudad Rodrigo desde el mediodía y desde el ocaso, el viajero procedente de la alta Extremadura y de las tierras lusitanas, encuéntrase de frente a la ciudad rodericense, sobre un cerro, señoreando la vega del río Águeda. En una de las cotas más altas de la ciudad se sitúa una maciza construcción del gótico militar, dominando o guardando, con su cúbica silueta, el paso del río y el camino a Portugal: es la torre del homenaje del alcázar del rey don Enrique, el monarca que, tras varios años de guerra civil, inaugura en Castilla la dinastía de los Trastámara. El castillo, que en palabras de Feliciano de Silva pasaba por ser "...una de las buenas casas del reino... e que no es suntuosa ni hermosa, sino provechosa, como se requiere para su defensa e guarda.."[1], fue levantado, según reza la inscripción de entrada al recinto en el año 1372 por el mismo monarca que dos años antes había protagonizado un intento fallido de tomar la ciudad[2].

Desconocemos el momento en que las obras de ejecución pudieron darse por concluídas, pero un siglo más tarde, cuando Enrique IV nombró alcaide del alcázar a Diego del Aguila, el castillo "estaba muy perdido y sin puertas y en toda la casa y torre no había pretil ni almenas en la torrecilla de encima del homenaje, ni cava, ni barrera..."[3]. Diego del Aguila y después su hijo, Antonio del Aguila llevaron a cabo obras de reparación en el castillo y fortaleza de Ciudad Rodrigo[4].
El paso de las tropas británicas, 1812.

En el centro del patio de armas del recinto del alcázar de Enrique II se levanta la torre del homenaje, compuesta por dos cuerpos superpuestos de forma cúbica, de mayor a menor, respectivamente. Esta tipología de la torre del castillo de Ciudad Rodrigo parece ser anterior al siglo XV. E. Cooper[5], en su conocida obra (1980): Castillos señoriales de la Corona de Castilla. Siglos XV y XVI, no se ocupa de este tipo de torre, por tratarse de un período anterior al estudiado[6]. No obstante, la torre que está encima del homenaje fue levantada por el alcaide Don Diego del Aguila (s. XV)[7]. En cualquier caso, no sabemos con certeza si don Diego levantó de nuevo o reconstruyó lo existente, pues cuando se hizo cargo del castillo éste debía estar en bastante mal estado[8]
Catedral, Cerralbo y castillo, tras la muralla.

El cuerpo inferior de la torre, de 17 m. de lado, está construido con fábrica de cal y canto rodado, excepto en las partes nobles -esquinas y vanos- que son de sillares de arenisca. Una línea de imposta corta y rodea el primer cuerpo de la torre, acusando las dos plantas interiores. Este cuerpo es rematado con almenas y salmeres con saeteras. Sobre los lienzos norte y sur se abren ventanas geminadas, con arcos ojivales lobulados, separados por esbelto parteluz octogonal que repite su forma en el capitel con ábaco cuadrado. La entrada a la torre se hace bajo arco apuntado sobre el que campean las armas de Castilla y León. Se accede a un vestíbulo bajo bóveda de cañón escarzano. La estancia de la planta baja es una gran sala con bóveda ojival, sustentanda por arco perpiaño central que descansa en dos pilastras. La subida a las plantas superiores se hace por escalera de bóvedas rampantes, de medio cañón apuntado.
Entrada al castillo.
Las bóvedas de las estancias son apuntadas, sujetadas también con arcos perpiaños. El pavimento es de cantos rodados. El segundo cuerpo está construido con materiales menos pesados, con fábrica de ladrillo en sus esquinas y mampuesto de cal y canto en el resto, dispuesto en franjas horizontales separadas por hiladas de ladrillo, de orientación mudéjar. Se accede al interior precisamente bajo arco apuntado de ladrillo. La sala es de cañón agudo, sujeta con arcos perpiaños. Una línea de nacela corre la estancia; todo, arcos fajones e imposta, de ladrillo. Desde esta sala se accede a la plataforma por escalera de caracol iluminada por vanos en aspilleras.

El castillo, junto con las murallas, forma parte del complejo sistema de fortificación de esta plaza, en la Raya de Portugal, de lo que ya informamos en otros pots.
Escudo real e inscripción (siglo XIV).




    [1] De la declaración que hizo Feliciano de Silva para certificar los gastos hechos por Antonio del Aguila en las obras llevadas a cabo en la fortaleza de Ciudad Rodrigo. Archivo General de Simancas (A.G.S.). Escribanía Mayor de Rentas; Tenencia de Fortalezas. Leg. 2, fechado en Ciudad Rodrigo a 24 de marzo de 1512.

    [2] El propio Rey D. Enrique informa del intento falllido de tomar la ciudad en carta enviada a la ciudad de Murcia, dada el 9 de marzo de 1372 en el Real de Ciudad Rodrigo: "Facemos vos saber que teniendo nos cercada esta cibdad de Cibdad Rodrigo.... tan fuerte fue el tiempo de las aguas que fizo é face, é tan excesiva la fambre que ha en el real por falta de mantenimientos, que ya las gentes non lo podían sofrir: por lo qual ovimos de levantar el cero....". Citada en la Crónica de Enrique II.Crónica de los Reyes de Castilla. Tomo II. Madrid., 1951, p. 51.

    [3] DE PAZ, J. (1912): Castillos y fortalezas del Reino. Noticia de su estado y de sus alcaides durante los siglos XV y XVI. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Tomo XXVI, p. 463.

    [4]De las obras hay información detallada en A.G.S. Escribanía Mayor de Rentas. Tenencia de Fortalezas, Legajo, 2. Ciudad Rodrigo. Las obras que D. Antonio del Aguilla llevó a cabo entre  1506 y 1507 ascendieron a 957.658 maravedís.

    [5] Al propio E. Cooper quiero agradecer la valiosa información, allá por 1985, de las semejanzas de la torre del homenaje de Ciudad Rodrigo con la de los castillos que aquí voy a reseñar. Gracias a su información pude trasladarme más tarde a Quintanilla del Marco, las Ventas con Peña Aguilera y Burguillos del Cerro, para realizar trabajos de campo y comprobar, en efecto, esta circunstancia.

    [6] Como él mismo precisa, Vide p. 452, nota 1. COOPER, E. (1980): Castillos señoriales de Castilla. Siglos XV y XVI. Madrid.

    [7]A.G.S. Escribanía Mayor de Rentas. Tenencia de Fortalezas, Legajo, 2. serie de Ciudad Rodrigo.

    [8] DE PAZ, J. (1912): Castillos y fortalezas del Reino. Noticia de su estado y de sus alcaides durante los siglos XV y XVI. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos. Tomo XXVI, p. 463.


    [9]RETUERCE VALERO, M. y OTROS (1981): Castillos de Castilla la Mancha .Madrid, p. 125 y ESPINOSA DE LOS MONTEROS, R. (1974): Corpus de castillos medievales de Castilla, p. 268.
Para saber más:
http://centrodeestudiosmirobrigenses.es/wp-content/uploads/2016/05/Cat%C3%A1logo-Libros.pdf

martes, 6 de junio de 2017

Castros del Águeda

LA PLAZA (GALLEGOS DE ARGAÑÁN)


El Águeda desde "La Plaza".
Introducción

La divulgación del hierro en la Meseta española es más bien lenta. En la primera mitad del primer milenio a. C. continúa la fabricación de objetos de bronce frente a una tímida presencia del nuevo metal. Será a partir de finales del siglo VI y principios del V a. C. cuando el uso del hierro se generalice. Los autores distinguen entre una Primera y una Segunda Edad del Hierro. Los emplazamientos de los poblados suelen ser en lugares altos, bien defendibles por la orografía, reforzados con sistemas artificiales de defensa, tales como murallas, bastiones, fosos o piedras hincadas.

Verraco vettón. Gallegos de Argañán.
En la Tierra de Ciudad Rodrigo contamos con una serie de poblados fortificados correspondientes a esta etapa, varios de los cuales se localizan a lo largo del río Águeda. Culturalmente se inscribendentro del pueblo prerromano de los vettones, al que pertenecen las esculturas de toros y verracos.


La Plaza (Gallegos de Argañán).


El castro de “La Plaza”, situado en el término de Gallegos de Argañán, se defiende tras los barrancos formados por el encajamiento del río Águeda –al noroeste- y sus afluentes, los arroyos de Regajal y Zamarreño.

La defensa natural se completa con una estructura artificial compuesta por una barrera de piedras hincadas, un doble foso y muralla.



Barrera de piedras hincadas.

Las piedras hincadas se encuentran en la parte de acceso más vulnerable. La barrera está compuesta por bloques paralepípedos de grauvaca y algunos –los menos, de cuarcita blanca. La barrera tiene una longitud aproximada de 100 metros y una anchura entre los 12,60 y los 14,60 mts. Los bloques emergen, en ocasiones, 1 m. por encima del suelo. En la misma barrera, muy candada, se aprovechan crestas naturales de al roca. La entrada al recinto tiene lugar en embudo, muy desfigurada por el derrumbe. Refuerza la entrada se sitúa un bastión circular, adosado a la misma.
Restos de la muralla.
Se identifican dos recintos. El exterior, con muralla conservada en talud. El interior, igualmente amurallado, se observa por un terraplén, en el que aún se observan hiladas de pizarra del muro. La construcción de la muralla parece haberse hecho con lajas o sillares de medianas y pequeñas dimensiones.

Todo el perímetro de la muralla externa se halla protegido por dos fosos que discurren circundando la muralla por el NE-O y mediodía. El foso interno arranca con dirección E-O, en el sector occidental del castro. Excavado en la roca, mide 18,5 m. de largo y cerca de 3,5 m. de ancho, además de tener una profundidad cercana a los 3 m. Este foso dobla en recodo de 90º para seguir una dirección N-S, con una longitud aproximada de 68,5 m. y con 7 m. de anchura. Junto a este tramo discurre un segundo foso paralelo al mismo por el exterior, con unas dimensiones similares, aunque menos profundo. El foso desaparece cuando contacta con el bastión occidental –que sobresale de la muralla y posee paramento interno y habitáculo interior. En los sectores suroccidental y meridional vuelve a aparecer el sistema de foso, excavado a veces en la misma roca del sustrato.
Foso del castro de "La Plaza".