domingo, 16 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (1)

BARCAS Y LEYENDAS. EL PODER DE LOS CIELOS
Barca. Dibujo de Hildebrand. Grabado de Moynet.

José I. Martín Benito
 

El paso de los cauces fluviales mediante el uso de embarcaciones ha constituido, sin duda, un potencial riesgo para la seguridad de personas, ganados y mercancías. Con la proliferación de puentes o viaductos desde mediados del siglo XX, apenas hoy somos conscientes de lo que en otras épocas supuso pasar de una orilla a otra. Sin embargo, pasar un río entrañaba dificultades, que se dejaba en manos de la pericia de los barqueros, pero también en invocar la protección del cielo. 


En la geografía hispana varios son los pasos de barca ligados a la ayuda divina. Como los caminantes que, implorando el auxilio de San Rosendo, pudieron cruzar el río Cádavo en una embarcación cuyo barquero resultó ser el propio santo[1]; o los peregrinos ingleses que venían de romería a Santiago en 1211, cuya barca naufragó en el río a la altura de Tolosa, pero que pudieron salir del agua gracias al socorro de Santo Domingo[2].


La ayuda mariana
A la Virgen de Monserrat se encomendaron los barqueros de San Vicente dels Horts en la crecida del río Llobregat la noche del 31 de agosto de 1617, cuando se rompió la maroma de la barca, saltaron al agua y pudieron salvar sus vidas[3]
Barca en el río Llobregat, Principios del siglo XX.

 Algo similar le ocurrió al ermitaño del santuario de Nª Sª del Viñero de El Grado, que en compañía de otras personas cruzaba en barca el río Cinca; tras romperse la sirga y ser arrastrada la embarcación invocaron el auxilio de la Virgen y pudieron ponerse a salvo, tras la cual mandaron fabricar una barquilla como ex voto al santuario[4]. A la Virgen de los Llanos de Hontoba (Guadalajara) invocaron los pasajeros de la barca de Acequilla en 1615, cuando al cruzar el Henares, el río rompió la parte donde estaba asegurada la maroma, de modo que el agua comenzó a anegar la embarcación con riesgo de hundimiento, pero, finalmente, pudieron salir libres de tal peligro[5].


A la Virgen del Camino de León se encomendaron en 1677 dos peregrinos que iban a Santiago cuando la corriente arrastró la barca en la que cruzaban el río Narcea en Cornellana (Asturias); enderezada la nave pudieron ponerse a salvo, lo que atribuyeron a la “providencia maravillosa del Cielo”[6]. La intercesión de la Virgen María resultó también providencial para el auxilio de Fray Leandro, descalzo de la Santísima Trinidad, que cayó con la mula al río Tajo cuando iba a tomar la barca para cruzarlo, pero que pudo ser socorrido por los de la embarcación[7]
Santos y ríos
La propia Santa Teresa de Jesús y sus acompañantes pudieron también sobrevivir a la rotura de la maroma de la barca cuando pasaban un río camino de Sevilla[8]. En otras ocasiones, son los propios santos los que, al no poder utilizar la barca, pasan el lecho del río, transportados por la divinidad o caminando sobre las aguas, como se atribuye a San Pedro de Alcántara en el Guadiana, Alconétar (Tajo) y Boecillo (Duero)[9]

Otras veces, basta extender una prenda sobre las aguas y esta se convertirá en balsa de paso; lo hizo San Bernardino de Siena que, al no quererle pasar el barquero el Ebro en La Puebla, extendió su manto sobre las aguas, encima del cual pudo pasar el río, junto a otro compañero franciscano[10]. También Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro Labrador, extendió su mantilla para pasar a la otra orilla del río y visitar la ermita de Nª Sª de la Piedad[11]
San Francisco de Paula, navegando sobre su manto.


Para saber más:
http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html




[1] Ordoño de Celanova. Vida y milagros de San Rosendo. Edición, traducción y estudio por Manuel C. Díaz y Díaz, María Virtudes Pardo Gómez y Daría Vilariño Pintos La Coruña, 1990, pp. 169-171.

[2] Fr. J. LÓPEZ: Flos sanctorum del beato Santo Domingo y su orden de predicadores. Valladolid 1622, fol. 16 v. y Fr D. SUÑER: Vida y milagros de Santo Domingo de Soriano. Perpignan 1651. pp. 36-39.

[3] Libro de la historia y milagros, hechos a invocación de nuestra Señora de Montserrate. Barcelona 1627, pág. 287.

[4] R. A. FACI: Aragón, reyno de Christo, y dote de Maria Santissima, exaltado por la columna immobil de Nuestra Señora del Pilar y favorecido con los santissimos misterios de Jesus sacramentado, reliquias de la Santa Cruz, y otras; con las Santissimas imágenes de Nuestra Señora, apariciones, y patrocinio de muchos santos. Tercera y quarta parte. Tomo segundo. Madrid 1750, pág. 149.

[5] A. de SAN IGNACIO: Historia de la invención de la santa, y milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Llanos, y de sus milagros. Madrid 1719, pág. 295.

[6] J. de VILLAFAÑE: Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de cielos, y tierra, María Santissima, que se veneran en los mas celebres santuarios de Hespaña. Salamanca 1726.

[7] Fr. LUCAS de la PURIFICACIÓN: Quarta parte de la Chronica de los descalzos de la Santísima Trinidad, redempción de cautivos. Granada 1732, pp. 62-63.
A la ayuda mariana se encomendaban también los que intentando cruzar un río, sufrían algún percance; fue el caso del soldado Alonso de la Peña que en 1468 cayó con su caballo a las aguas del Guadalentin y, tras encomendarse a la Virgen de Guadalupe, pudo salir a flote, “assentado sobre el agua, como si fuera una barca, sin tragar gota, ni hundirse, ni causarle miedo, ni pena caso tan temeroso”, tras lo cual logró asirse a un hilo verde “como si fuera una maroma recia” y ponerse a salvo. D. MONTALVO: Venida de la soberana Virgen de Guadalupe a España, su dichosa invención y de los milagrosos favores que ha hecho a sus devotos. Lisboa 1631, pp. 27-28.

[8] Fr. D. de YEPES: Vida, virtudes y milagros de la bienaventurada virgen Teresa de Jesus, madre y fundadora de la nueva reformación de la orden de los descalzos y descalzas de nuestra Señora del Carmen. Madrid 1796, pág. 383 y Madrid 1797, pág. 85.

[9] J. de SANTA MARÍA: Chronica de la provincia de San Ioseph de los descalços de la Orden de los Menores de nuestro Seraphico Padre S. Francisco. Madrid 1615, pág.115 y M. DE SAN JOSÉ: Historia de las vidas y milagros de nuestro beatro padre Frai Pedro de Alcántara, de el Venerable Frai Francisco de Cogolludo y de los religiosos insignes en virtudes que ha hauido en la Reforma de Descalços que el mismo venerable padre ynstituyo en la Orden de nuestro Seraphico Padre San Francisco con la fundaçion de las provinçias que de ella han proçedido. Arévalo 1644, pp. 80-81.

[10] J. de AMIAX: Ramillete de Nuestra Señora de Codes. Pamplona 1608, pág. 99 (r).


[11] Fr. N. J. de la CRUZ: Corona de cortesanos y laudo de labradores o espejo de labradores y exemplar de cortesanos. La vida, virtudes y milagros de San Isidro Labrador. Madrid 1741, pág. 55.

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