lunes, 1 de febrero de 2016

Una frontera interior: la de León y Castilla (y 3)


Los conflictos con Castilla en el reinado de Alfonso IX (1188-1230) y el intercambio de castillos para asegurar la paz.

Alfonso IX. Tumbo A. Catedral de Santiago de Compostela.
José I. Martín Benito

La paz entre leoneses y castellanos se quebró a comienzos del reinado de Alfonso IX. Las diversas alianzas entre los reinos hispanos llevaron también a la firma de una tregua de cinco años entre León y los almohades en 1191, lo que no fue aceptada por el Papa Celestino III, que se apresuró a excomulgar a Alfonso IX y espoleó la lucha de los reinos vecinos contra el monarca leonés. Ello fue aprovechado por Portugal, que invadió Galicia y tomó Tuy y Pontevedra. 

Tratado de Tordehumos (1194)
El cardenal Gregorio, legado pontificio, medió en las disputas territoriales que enfrentaban a León con Castilla. El resultado fue un tratado de paz, firmado en la localidad de Tordehumos el 20 abril 1194[1]. Por este acuerdo, el rey de Castilla se comprometía a devolver al de León los castillos de Alba, Luna y Portilla, que habían sido ocupados durante la guerra, mientras que los de Valderas, Bolaños, Villafrechós, Villarmenteros, Siero de Riaño y Siero de Asturias retornarían a León tras la muerte del monarca castellano; al tiempo, se acordaba iniciar una averiguación sobre la dependencia del castillo de Santervás, que de momento quedaba en poder de Castilla. Por otro lado, cada reino entregaba cinco castillos por fidelidad a los maestres de Calatrava y del Temple. En Castilla, los de Cubillas de Duero, Villanueva, San Juan de Risova; San Román de Pennis, Tramaia, mientras que en el reino leonés los de Castrotierra, Ferrera de Riaño, Almanza, Penna Ramir y Colle.
Se obligaba también que los términos situados entre el río Jerte, el río Vermelio y la calzada de la Guinea no se poblasen, quedando comprendidos en el reino de León.

La guerra de 1196-1197
Vista de Tordehumos, con el castillo al fondo.
Pero la entrega no llegó a producirse. Las desavenencias entre leoneses y castellanos se volvieron a poner de manifiesto en 1196: los leoneses pasaron a la ofensiva en la Tierra de Campos e invadieron tierra castellana, llegando hasta Carrión de los Condes. La réplica tuvo lugar al año siguiente, cuando un ejército castellano y aragonés entró en territorio leonés y tomó Bolaños, Castroverde, Valderas y Valencia de don Juan, corrió las tierras de Benavente, Astorga y Rabanal, y llegó hasta el Castro de los Judíos, según recoge la Crónica latina de los Reyes de Castilla”.[2]
Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo y cronista castellano, achaca la ruptura de la tregua al rey de León, tras la batalla de Alarcos y añade que los castellanos tomaron también Carpio y Paradinas. Una nueva ofensiva tuvo lugar contra territorio leonés, según refiere la crónica del arzobispo, en la que el ejército castellano conquistó Castroleón, Ardón, Castrogonzalo y Alba de Aliste, asolando “todo a sangre y fuego hasta Astorga; y marchando desde allí por la parte de Alba y Salamanca, devastaron todo por completo y se apoderaron de Monreal, un noble castillo; desde allí volvieron a sus tierras”.[3]
Las hostilidades terminaron con una nueva alianza. Alfonso de León casó con la infanta Berenguela de Castilla y se acordó que los castellanos devolvieran a los leoneses las tierras y fortalezas conquistadas, salvo los castillos de Carpio y de Monreal, que no serían devueltos hasta el año 1213, en cumplimiento del Tratado de Coimbra (1212). Alfonso IX, por su parte, entregaba a su esposa una treintena de castillos, entre ellos los terracampinos de Vega, Castrogonzalo [4] y Castroverde.

Paz de Cabreros (1206)
El conflicto volvió a suscitarse al declararse la nulidad entre el matrimonio del rey leonés con Berenguela, pues el asunto quedaba sin resolver. Finalmente, la solución vino de la mano del Tratado de Cabreros (1206), entre el Valderaduey el Sequillo[5]; Alfonso VIII de Castilla entregaba a su nieto Fernando (hijo de Berenguela y el monarca leonés) los castillos de Monreal, El Carpio, Valderas, Bolaños, Villafrechós, Castrotierra, Almanza y los dos Sieros. Por su parte, Berenguela entregaba a su hijo Cabreros; pasaron también a Fernando los castillos que había recibido en arras de Alfonso IX, mientras que el monarca leonés daba a su hijo los castillos de Luna, Argilello, Ferrera y Gordón, agregando Tiedra y Alba de Aliste. Todos los confirmantes reconocieron que el conjunto de castillos eran del reino de León.

Tratado de Valladolid (1210)  
                 
Pero las cabalgadas de ciertos caballeros continuaron en la frontera, haciendo daños a varios concejos, de lo que se siguió un nuevo tratado en Valladolid en 1210[6]. Alfonso IX entregó a Berenguela las plazas de Villalpando, Ardón y Roda, para que, después de su vida, pasaran a su hijo Fernando.

Paz de Coimbra (1212)
Los desencuentros volverían a aparecer en 1212 cuando el rey de León aprovechó la campaña de Alfonso VIII contra los almohades y recuperó las plazas de Roda, Ardón, Castrotierra y Castrogonzalo, junto a otras poblaciones. Así mismo hizo la guerra a los portugueses y tomó varias plazas. Los tres monarcas buscaron la paz; se reunieron en Coimbra y el 11 de noviembre firmaron las treguas.


[1] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Madrid 1944. Vol. II. Doc. 79, pp. 116-119.

[2] Crónica latina de los Reyes de Castilla. Edición de Luis Charlo Brea. Madrid 1999, pág. 42.

[3] Ibidem, pág. 300-301.

[4] Sobre Castrogonzalo véase R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: “La mota de Castrogonzalo. Una fortificación terrera en el alfoz de Benavente. Brigecio 15, pp.80-86.

[5] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Madrid 1944. Vol. II. Doc. 205, pp. 284-291.


[6] J. GONZÁLEZ: Alfonso IX. Tomo I. Madrid 1944, pp. 129-132.

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