martes, 11 de julio de 2017

La catedral de Ciudad Rodrigo

LA VISIÓN DE LOS VIAJEROS

La catedral desde el paseo de ronda de la puerta de Amayuelas.

        En un post anterior escribíamos sobre al declaración de la catedral de Ciudad Rodrigo como Monumento Nacional en 1889. Hoy traemos cómo la vieron los que nos visitaron.

Naturales y extranjeros que pasaron por Ciudad Rodrigo pusieron sus ojos en la catedral. Los testimonios, no obstante, son escuetos, propios del viajero que describe de manera rápida su itinerario. El canónigo hispalense Diego Alejandro Gálvez, que viajó de Sevilla a Santiago en 1755, se desvió de la vía de la Plata hacia Alcántara y, desde aquí, por el puerto de Perales, se dirigió a Ciudad Rodrigo, a donde llegó el 13 de mayo. Al describir la ciudad, repara en su catedral, a la que define como “lindísimo templo, todo de piedra y con regular adorno”. Del claustro dice que “es muy grande y hermoso[1].
El británico Richard Twiss, que entró en España desde Portugal por Aldea del Obispo el 25 de febrero de 1772, en su libro Travels through Portugal and Spain in 1772 and 1773, dice de la catedral que “es un edificio gótico cuya fachada está adornada con diecisiete estatuas de santos”. Señala la contemporaneidad de la torre de Sagarvinaga: “el campanario es moderno, y se accede a él a través de un pórtico sostenido por columnas corintias”.
Otros testimonios son los dejados por los viajeros ingleses y franceses que pasaron por la ciudad con motivo de las campañas napoleónicas. Entre estos está el reverendo William Bradford, que formó parte del ejército británico al mando del general Moore. Ciudad Rodrigo, dice, tiene una “magnífica catedral[2]. Por su parte, el francés A. Laborde, que viajó unos años antes por España, dice que “la catedral... es de una mediana arquitectura del gusto gótico”, destacando de ella la capilla con el “magnífico sepulcro de los Pachecos[3].
Portada del mediodía.
Más datos aporta el escritor y dibujante londinense Richard Ford, en su Manual para viajeros por España y lectores en casa[4]. El inglés que vino a vivir a Andalucía en 1831, recorrió a caballo buena parte del país. A Ciudad Rodrigo llegó procedente de Las Batuecas, en los últimos días de mayo de 1832. De la catedral dice que fue comenzada en 1190 por Fernando II deLeón y que el arquitecto fue Benito Sánchez, enterrado en el claustro. Ford se refiere a la ampliación de la capilla mayor por el cardenal Tavera en 1538 “arzobispo de Toledo, y obispo aquí antes”. De las puertas señala la de poniente:“cerca de la entrada se conserva una puerta interior de la antigua catedral, con curiosas esculturas y altorrelieves de la pasión”; y termina: “la notable y rara Sillería del Coro es obra de Rodrigo Alemán”.
Escueta es la referencia del también escritor británico W. H. Giles Kingston, que viajó por Portugal entre 1842 y 1843, desde donde se internó a Ciudad Rodrigo y Salamanca. Del templo mayor civitatense escribe: “la catedral es un edificio bello, ricamente decorado[5].
Se fija especialmente en sus sepulcros, Francisco de Paula Mellado, en sus Recuerdos de un viage por España (Madrid, 1849), para el cual la catedral fue fundada por Fernando II en estilo gótico, pero “sin más mérito arquitectónico que su solidez”. Unos años antes, Mellado, al abordar la voz “Ciudad Rodrigo” en su España Geográfica, Histórica, Estadística y Pintoresca se había referido al edificio de manera muy escueta: “Tiene una catedral de estilo gótico”, escribía[6].

Catedral, cabecera y crucero.
            Eruditos resultan los comentarios de otros viajeros. En 1908 el polígrafo argentino y rector de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Rojas, realizó un viaje por España. En primavera llegó a Salamanca para ver a Miguel de Unamuno. En su compañía y en la del profesor Julio Nombela y Campos visitó un día Ciudad Rodrigo y escribió: 
            Con tan estupendo interlocutor, pasó el tiempo del viaje sin que yo lo advirtiese, y de pronto llegamos a Ciudad Rodrigo, ciudad de frontera; monumentos medievales dentro de grandiosas murallas. Fuimos con Unamuno y Nombela a ver la Catedral, románica en transición al gótico; admiramos su claustro ojival, sus capiteles simbólicos, su sillería de formas libérrimas[7].
            Entre erudición y poesía se mueve el agustino César Morán. Sus viajes por la provincia de Salamanca dieron lugar a su conocida Reseña histórico-artística..[8]. De la catedral dice que es el monumento más importante de la ciudad, en estilo románico, gótico  plateresco y que su autor fue Benito Sánchez. El resto es pura literatura. Valga como ejemplo lo siguiente: “Si el turista no es un témpano de hielo, sentirá su alma henchida de admiración, de nobles pensamientos y de profunda gratitud para aquellos anónimos artistas que tanto se afanaron por nuestro solaz, instrucción y esparcimiento”.

Sepulcro de los Robles. El Santo Entierro.
Pórtico del Perdón.
Puerta del Enlosado.
Cristo en Majestad.
La catedral, el Sagrario y el castillo.

[1] GÁLVEZ, D. A.: Itinerario geográfico, histórico, crítico y litúrgico de la España, Francia, País Bajo y gran parte de Alemania (1755). Sevilla 1996. p. 23.

[2] BRADFORD, W.: Sketches of the country, caracter, and costume, in Portugal and Spain, made during the campaign, and on the route of the British Army, in 1808 and 1809. London.

[3] LABORDE, A.: Itinerario descriptivo de las provincias de España. Valencia, 1816, pág. 360. Edición facsímil de Ed. Paris-Valencia, 1998.

[4] Hay edición de Ed. Turner con el título Manual para viajeros por León y lectores en casa. Madrid, 1983, de donde tomamos los datos.

[5] KINGSTON, W. H. G.: Lusitania: apuntes y bosquejos. Citado en J. MAJADA y J. MARTÍN: Viajeros extranjeros en Salamanca (1300-1936). Salamanca 1988,  p. 209.

[6] PAULA MELLADO, F. de: España Geográfica, Histórica, Estadística y Pintoresca. Madrid 1845, p. 702.

[7] ROJAS, R.: Retablo de España, 1939. En J. MAJADA y J. MARTÍN. Viajeros extranjeros en Salamanca (1300-1936). Salamanca 1988, p. 266.


[8] MORÁN, C.: Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca. Salamanca, 1946, p. 19. Reed. Diputación Provincia, 1982.

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