lunes, 21 de mayo de 2018

Motines obreros (2)


MOTINES EN TÁBARA (ZAMORA)  (y 2)


El motín de 1911. El incendio del palacio.

Iglesia de Tábara.
El motín comenzó a las tres de la tarde del día 22 de febrero de 1911, cuando grandes grupos formados por niños y mujeres recorrieron las calles, enarbolando banderas y letreros y dando mueras a don Agustín Alfageme. A las ocho de la tarde el motín se reprodujo participando ahora el pueblo en masa: apedrearon los balcones y miradores del palacio, la casa del guarda del monte El Encinar, partieron las puertas de las paneras y se apoderaron de 800 fanegas de trigo; finalmente incendiaron los edificios, entre ellos parte del palacio y del ex-convento de dominicos, destrozaron los muebles de la casa palacio y talaron los árboles del Jardín (foto 1). Según fuentes orales, en El Bosque los amotinados prendieron fuego a las traviesas del ferrocarril. Tras los sucesos se reconcentraron en la villa fuerzas de la Guardia Civil; a primeros de marzo la benemérita procedió a la detención de cuatro vecinos de Tábara acusados de haber participado en el incendio y robo del palacio[1].

 
Guardia Civil.
"Un pueblo que se derrime"

Los hechos, a pesar de su contundencia, no fueron abordados por el Consistorio, al menos de manera oficial. Las actas municipales no aluden para nada al motín[2]. Sin embargo, sus contemporáneos lo vivieron como una auténtica revuelta antiseñorial, resultado de una situación larvada durante años. Así se desprende de un texto manuscrito, que lleva por título: “Un pueblo que se derrime. Tábara [3]. El texto está fechado el 8 de noviembre de 1914 y firmado por Ramón Vega, uno de los muchos vecinos de la villa que aparece como comprador en la escritura de 1915 y que, además, tomó parte activa en el motín, pues fue uno de los detenidos por la Guardia Civil en los primeros días de marzo de 1911[4]. Esta última circunstancia quizás fue determinante para escribir el manuscrito, en el que justifica el levantamiento popular. Comienza su pequeño ensayo con el recuerdo de la donación de la Tierra de Tábara, en 1371, de Enrique II a Gómez Pérez de Valderrábano, lo que es considerado por Ramón Vega como una disposición que condenó a aquella generación y a las siguientes “a la miseria y a la esclavitud”, para añadir: “Los tiempos pasando, transmitieron a nuebos privilegiados aquellos territorios y las generaciones que venían aguantando resignados el látigo feudal en sus sufridas espaldas”. Alude R. Vega a la sentencia de 31 de enero de 1844 que declaró al marqués “señor territorial y solariego de la villa de Tábara y su tierra”, y al que nuestro informante define como “nuevo dueño de vidas y haciendas”, con lo que, a su juicio, los tabareses quedaban como esclavos vitalicios. A continuación esgrime el derecho natural y lo opone a las leyes humanas para afirmar que la creación del señorío de Tábara es contrario a las leyes de la naturaleza, que hacen a todos los hombres iguales:


Manifestación obrera.

Lo que sí hemos de demostrar hasta la ebidencia es que Enrique II no pudo en ningún caso donar lo que no era suyo, ni lo nuebos dueños de aquellos dominios ennagenar los derechos de otros.



El infante recién nacido tiene igual derecho a la tierra que el hijo del más humilde campesino y una ejecutoria que viene directamente de la naturaleza se sobrepone a todas las leyes humanas, a todos los títulos escritos y es el derecho haber nacido.



El negar el aire, el agua y la tierra a un ser que nace impone a tanto como arrojarlo al río y como nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie, tanpoco nadie tiene derecho a negar los elementos de vida como Enrique 2 se los negó a los tabareses”.


 Todas estas reflexiones sirven a R. Vega para justificar los posteriores levantamientos, tanto el de 1898 como el de 1911, presentando a los habitantes de la Tierra de Tábara como “esclabos repugnantes al látigo feudal” que “se resentían á suportar resignados el yugo opresor del amo y señor”. Por todo ello, “sin duda pensando un día que á sus hijos no podían legarles un casar, que la livrea de esclabo pensaron en sacudirla y pisotearla y enarbolando en una mano la bandera de la libertad y de la justicia y en la otra la tea incendiaria acudieron como un solo hombre multitud de pueblos reunidos correspondientes a aquel señor, al Palacio del señor de vidas y haciendas i obligándose en aquellos momentos que las leyes castigan los delitos e inpulsados por el derecho que tienen a la vida, pegaron fuego al Palacio haciendo huir a sus moradores..[5]” Así se refiere Ramón Vega al motín de 1898; al de 1911 le dedica menos líneas y, en todo caso, lo presenta como una consecuencia del primero: “Don Juan Ron enagenó aquellos dominios y el nuevo propietario vio arder otra bed su palacio, porque los de la Tierra de Tábara habían ya pisoteado la librea de la esclabitud”.

 
Situación de Tábara en la provincia de Zamora.

Finalmente, la venta de las propiedades que habían formado parte del patrimonio señorial, es presentada por Ramón Vega como una conquista social, como el resultado de una lucha de los tabareses por la tierra: “... y al encontrarse con la actitud de los tabareses que a toda costa querían emanciparse y reconociendo el derecho moral que los asistía (el propietario) les cedió todas aquellas propiedades en virtud de unos miles de duros que a fuerza de sacrificios han abonado honrradamente en cinco años y firmándose hoy la escritura de propiedades de aquellos terrenos que el Rey don Enrique 2 se los dego por derecho”.



La venta de Alfageme comenzó a formalizarse, por tanto, en 1910, para lo cual en Tábara se creó una sociedad presidida por don Manuel Casado. Los compradores fueron depositando distintas cantidades en un plazo de cinco años, tal como alude R. Vega[6]. Con la compra-venta, en la que intervinieron 186 adquirientes, una parte del término de Tábara, pasó de ser propiedad concentrada a ver la aparición de pequeñas propiedades. Sin embargo, fue la decisión de vender el monte del Encinar entre los vecinos de otros pueblos limítrofes, lo que dio paso al descontento general entre los propios vecinos de la villa, lo que desembocó en el amotinamiento de 1911, como hemos visto.

El texto forma parte de mi trabajo:

"Crisis obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920). I. El periodo 1911-1913 ". Brigecio, 11. Benavente, 2001, pp. 115-139.



[1]El Heraldo de Zamora, 24 y 25 de febrero, 7 de marzo de 1911. Los testimonios orales me han sido transmitidos por D. Enrique López, tabarés. Recoge también información oral sobre el motín L. A. SÁNCHEZ GÓMEZ, Op. cit. pp. 66-67.
[2] Con posterioridad a los hechos, el Ayuntamiento se reunió en sesión ordinaria el 4 de marzo bajo la presidencia del alcalde D. Pedro Boya Ríos y, tras la lectura de los boletines oficiales y de la correspondencia, sólo se ocupó del nombramiento de los talladores de la próxima declaración de soldados. Archivo Municipal de Tábara. Actas Municipales.
[3] Se trata de un manuscrito de dos páginas, a doble columna. Archivo familiar de D. Manuel García Fincias (Tábara).
[4] Ramón Vega Ferrero, figura como empleado, casado y habitando en la calle de la Victoria. Escritura de compra-venta y división de fincas... Fue detenido junto a los vecinos Leoncio Diez Fernández (tal vez hermano de Pedro Díez Fernández, comprador nº 24), Rafael Fresno Pernía (también comprador, con el número 5), y Pedro Casas Caballero (quizás hermano de Andrés Casas Caballero, comprador nº 56). El Heraldo de Zamora, 7 de marzo de 1911.

[5] Así justifica Ramón Vega el primero de los motines, seguramente el de 1898. Según su nieto, Manuel Vega Casado, Ramón Vega, oriundo de la Maragatería, fue el cabecilla de la revuelta ¿de cual de ellas?. Cfr. SÁNCHEZ GÓMEZ, L. A., Op. cit., pág. 67.


[6] Baste como ejemplo el siguiente recibo: “He recibido de D. Domingo Fincias Hernández, vecino de esta villa de Tábara, cabecero en la compra hecha a D. Agustín Alfageme Pérez, la cantidad de mil cincuenta y seis pesetas á cuenta de referida compra y correspondiente al primer plazo. Tábara, once de octubre de mil nuevecintos once. El Presidente de la Sociedad. Manuel Casado (Firma)”. Archivo particular de D. Manuel García Fincias. Tábara.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Motines obreros (1)

MOTINES EN TÁBARA (ZAMORA) (I)

José Ignacio Martín Benito

Introducción



Plaza de Tábara (Zamora).
En 1911 el pueblo de Tábara se amotinó contra don Agustín Alfageme Pérez, propietario de gran parte de los bienes que habían sido del marquesado de esta villa[1]. El conflicto venía de lejos, mucho antes de que Alfageme apareciera en escena; incluso, en 1898 ya se había amotinado el vecindario y prendido fuego al palacio de los marqueses, preludio de los acontecimientos de 1911[2]. Por eso podemos decir que los sucesos de este último año en la villa tabarense eran el resultado de una situación larvada, como se verá. El primero de los motines de Tábara, el de 1898, hay que situarlo también dentro del contexto de la crisis de subsistencia y del elevado precio del trigo que ese año generó protestas en todo el país. Asimismo, en varios lugares de la provincia se vivieron otras escenas de conatos de motín o de motín mismo, como en Benavente, Fuentelapeña, Coreses, Moraleja del Vino o en Pobladura del Valle[3]. Por lo que respecta a Tábara, los sucesos comenzaron el martes 15 de marzo de 1898, cuando un grupo de mujeres se manifestó “acometiendo al pan y á las patatas”; los sucesos se agravaron al día siguiente: los amotinados prendieron fuego a la casa-palacio que un día fue de los marqueses de la villa y que, en esas fechas, estaba, según parece, en manos de los herederos de la duquesa viuda de Pastrana[4]. Tras los sucesos, fuerzas de la Guardia Civil de Benavente y Zamora se reconcentraron en Tábara[5].

La venta del monte del Encinar, el palacio, el convento y la iglesia

Pero vayamos con lo sucedido en la villa en febrero de 1911 y que, como se ha apuntado, responde a una situación que se venía gestando desde hacía tiempo. En efecto, liquidado el régimen señorial por la acción primero de las Cortes de Cádiz en 1811 y luego por la ley de 1837, los vecinos de la Villa y Tierra de Tábara pleitearon por conseguir la abolición de las rentas y prestaciones que debían dar al marquesado, sin conseguirlo. En 1844 el juzgado de primera instancia de Alcañices fallaba a favor del marqués como “señor territorial y solariego de la villa de Tábara y pueblos que habían integrado ese marquesado”. De nuevo el Tribunal Supremo en 1867 dio la razón al marqués contra las pretensiones de los vecinos de los pueblos de la Tierra tabarense[6].

Motín popular.

A finales del siglo XIX los herederos de la duquesa viuda de Pastrana, en quien recaía el marquesado, decidieron vender prácticamente todas las viejas rentas señoriales. Uno de los grandes compradores fue José Rodríguez, vecino de Benavente, junto con el senador Andrés Trueba y Prado, vecino de Tábara[7]. La viuda de Andrés Trueba debió vender buena parte de los mismos a Agustín Alfageme Pérez, vecino de Madrid, entre ellos el monte de encina y roble llamado El Encinar (en término de Tábara), varios foros y también el antiguo palacio de los marqueses de Tábara junto a las dependencias anejas, entre ellas el convento y la iglesia. Y es, precisamente, contra Alfageme contra quien se amotinó una multitud de vecinos en febrero de 1911. La causa directa que desencadenó los acontecimientos parece que fue la venta del Encinar a vecinos de Faramontanos, Pozuelo, Moreruela y Santa Eulalia de Tábara. Los vecinos de Tábara se debieron considerar perjudicados por esta venta, pues el concejo de la villa venía disfrutando el aprovechamiento de los pastos[8].

Comienzo del motín

El motín comenzó a las tres de la tarde del día 22, cuando grandes grupos formados por niños y mujeres recorrieron las calles, enarbolando banderas y letreros y dando mueras a don Agustín Alfageme.


(CONTINUARÁ)

Este texto pertenece a mi trabajo: "Crisis obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920). I. El periodo 1911-1913 ". Brigecio, 11. Benavente 2001, pp. 115-139.


[1]El marquesado de Tábara se extendía, además de la villa tabarense, a los lugares de Moreruela de Tábara, Faramontanos, San Martín de Tábara, Santa Eulalia, Litos, Escober, Ferreras de Arriba, Ferreruela... El primer marqués de Tábara fue don Bernardino Pimentel y Enríquez, el cual recibió el título de Carlos V en 1541.

[2] No fue el único motín que tenía como telón de fondo la situación heredada del suprimido régimen señorial. Años antes, también se amotinaron los vecinos de San Martín del Terroso contra la cobranza de los foros; los enfrentamientos con la de la Guardia Civil ocasionaron dos víctimas (un muerto y un herido) y varias detenciones, así como la intervención de la Audiencia territorial de Valladolid. El Heraldo de Zamora, 8, 11 y 25 de junio y 11 de julio de 1907.

[3] En Coreses, las mujeres impidieron que dos carros de trigo procedentes de Villalube embarcaran en el ferrocarril. El Correo de Zamora y El Heraldo de Zamora, 1 de marzo de 1898. En Pobladura del Valle, un grupo de mujeres y niños se amotinó el día 7 de marzo pidiendo que no saliera de la estación un vagón de trigo con destino a la fábrica de harinas de León (propiedad del señor Alfageme) y que, por el contrario, se vendiera en la localidad al precio de 14 reales la hemina. El alcalde no accedió a las peticiones y dio orden de trasladar el grano a la casa del secretario, al tiempo que reclamaba auxilio a Benavente para imponer su autoridad. Al día siguiente fuerzas de la benemérita custodiaron la casa del secretario. Varias mujeres y niños lanzaron piedras contra la casa y la Guardia Civil; dos hombres, apostados en al ángulo de la iglesia, realizaron disparos contra las fuerzas de orden público. Hubo intercambio de fuego, del que resultaron heridas dos mujeres. Finalmente la Guardia Civil logró abortar el motín y el juez de Benavente se trasladó al pueblo para instruir proceso (El Heraldo de Zamora, 10 de marzo de 1898). De estos sucesos dio cuenta también el semanario popular de Benavente La Mota, en su número 10, del domingo 13 de marzo. Por éste, sabemos que fueron detenidas seis mujeres y llevadas a la cárcel de Benavente. La crisis de subsistencia ocasionó también sonados alborotos en esta villa: el 2 de marzo las mujeres se manifestaron con una bandera que rezaba “Pan barato. Trabajo para la clase obrera. Ayudad á los pobres”. Al día siguiente, jueves, se reprodujo la manifestación; esta vez las mujeres detenían a “cuantos carros de trigo pasaban con dirección á las fabricas y Estación del ferro-carril, obligando a sus dueños, con amenazas, tomasen la dirección del mercado, donde se encontraban lo que pudiéramos llamar el Estado Mayor, formado por un grupo de mujeres que no pasaría de 25 ó 30 que armadas de sendos garrotes exigian á los vendedores de grano que lo vendieran á cuatro pesetas el doble decálitro”. Por la tarde las manifestantes,a compañadas de algunos hombres, se dirigieron a la estación del ferrocarril con el intento de impedir la salida de varios vagones de trigo. De todo ello se ocupó el semanario La Mota, en su número 9 (domingo 6 de marzo de 1898), que abrió con el titular: Manifestación Obrera. También el semanario católico de Benavente, El Áncora, se hace eco de la noticia en su número 23, del jueves 3 de marzo. Una breve referencia a estos sucesos hicimos en J. I. MARTÍN BENITO, 1998, Op. cit., pp. 212-213. También en Salamanca las mujeres y los niños asaltaron varios vagones de trigo en la estación de ferrocarril (El Correo de Zamora, 26 de marzo de 1898). En cuanto a lo sucedido en Moraleja del Vino, el motín comenzó cuando los jornaleros pidieron aumento de jornal; las mujeres recorrieron las calles al grito de “Pan y trabajo”; el gobernador, con fuerzas de la Guardia Civil, se trasladó a la localidad y logró apagar el levantamiento (El Correo de Zamora, 3 y 4 de marzo y El Heraldo de Zamora, 4 y de marzo de 1898. Para Benavente véase J. I. MARTÍN BENITO (1998): Op. cit., pp. 212-213.

[4] Eran éstos los religiosos jesuítas don Juan Ron Álvarez y D. Sebastián Zabaleta y Eguiburu, de 49 y 35 años de edad, respectivamente. Escritura de poder especial para administrar, cobrar y otras facultades otorgada por (los mismos) a favor de D. Manuel Conejo y Revilla, 2 de junio de 1898. Archivo familiar de D. Francisco Villalón (Tábara). Tanto esta escritura, firmada en Chamartín (Madrid), como otra de poder para litigar firmada en Zamora el 5 de diciembre de 1898, a favor también de D. Manuel Conejo Revilla (administrador), son posteriores a los sucesos de marzo, por lo que tal vez estén inspiradas por aquellos. Manuel Conejo, a su vez, delegó este poder de litigar a favor de D. Isidro Martínez Juárez y D. Agustín González Álvarez, procuradores de los tribunales de Alcañices y Zamora. El administrador Manuel Conejo era un hombre vinculado desde siempre a la Casa de Pastrana en Tábara. Su padre, Agustín Conejo, había sido guarda de a pie desde 1852 y él mismo había sido primero guarda montado de la casa, al menos desde 1876. Nombramientos a favor de Agustín Conejo y de Manuel Conejo Revilla como guarda de a pie y guarda montado, respectivamente. Archivo familiar de D. Francisco Villalón (Tábara).

[5] La Mota, semanario popular de Benavente, sábado 19 de marzo de 1898, número 11. Se hace eco también de estas noticias J. C. de la MATA GUERRA (2001): Sociedad y prensa en Benavente (siglos XIX y XX). Benavente, pp. 64 y 166, al cual agradecemos que nos haya suministrado la información.

[6]L. A. SÁNCHEZ GÓMEZ (1997): Tierra de Tábara. De señorío a reserva de caza. Zamora, pp. 64 y 65.

[7]José Rodríguez fue diputado provincial entre 1872-74 y 1876-81 y presidente de esta institución en 1881, 1883 y 1884; diputado en el Congreso tras las elecciones de 1886 y senador electo por Zamora en 1893 y 1898. Sobre su figura véase de S. GÓMEZ CAMBRONERO (1998): “Los hilos que tejen la trama del poder local: el ejemplo de la familia Rodríguez en la Restauración zamorana”. Brigecio, 8, pp. 193-210 y (1999): Familia, fortuna y poder: la saga política de los Rodríguez en la Restauración zamorana. Zamora; también en P. CARASA (dir.): Élites castellanas de la Restauración. Diccionario biográfico de parlamentarios castellanos y leoneses (1876-1923). Salamanca, pp. 482-483 y en J. C. de la MATA GUERRA, Op. cit., pág. 69. Andrés Trueba y Pardo era yerno de José Rodríguez; fue diputado por Puebla de Sanabria en 1893, 1898 y 1899 y senador por la provincia en 1901. P. CARASA, Op. cit., pp. 544-545.

[8] Escritura de compra-venta y división de fincas y derechos reales otorgada por D. Agustín Alfageme Pérez, 5 de octubre de 1915, ante don Secundino Izarra Urturi, notario de la ciudad de Zamora. Archivo familiar de D. Manuel García Fincias (Tábara). El Encinar hacía setecientas fanegas (254,78 Has.) y fue vendido en treinta y dos lotes iguales que hacían de cabida cada uno 7,33 Has. Junto al Encinar fue vendido también el monte de encina y roble llamado de Majada Sardón (67,8 Has.), en cuya compra intervinieron varios vecinos de Tábara, al igual que en el monte llamado Corral de Tapias (33,54 Has.).


viernes, 11 de mayo de 2018

Obreros y jornaleros en Zamora a principios del siglo XX

LAS CONDICIONES DE VIDA: JORNALES, ALIMENTACIÓN Y VIVIENDA. BENAVENTE Y VILLALPANDO.


Jornaleros y labradores en un día de mercado en Benavente.
Las condiciones de vida de los asalariados en la provincia de Zamora a principios del siglo XX, en general, y de los jornaleros, en particular, no debía diferir mucho del de otras provincias limítrofes, de las que conocemos más información[1]. De ello se desprende una dieta desequilibrada, deficitaria en proteínas y con la consiguiente malnutrición. No deben extrañar pues las ayudas solicitadas a los ayuntamientos, entre ellos al de Benavente, especificando, en algún caso, que los hijos presentan síntomas de raquitismo. Tampoco deben, pues, extrañar, las peticiones de los jornaleros en la huelga de 1904 en Villalpando, cuando solicitaban de los patronos una alimentación donde estuviera presente "un cuarterón de bacalao y una libra de patatas por la mañana, media libra de legumbres, media de carne y cuarterón de tocino y la sopa al mediodía y media libra de habas y un cuarterón de carne por la noche", junto con tres libras de pan y 3 cuartillos de vino.

Segadores.
  Los jornales

C. Hermida ha estudiado las condiciones de vida del campesinado castellano durante este periodo[2], a través del informe Buylla (1905)[3]. Como resumen puede decirse que el trabajo era de sol a sol y que paraban tres horas a mediodía para comer y otra media hora por la tarde de descanso. En cuanto al salario, sabemos que en Fuentes de Ropel el jornal de los trabajadores dedicados al cultivo de cereales oscilaba entre 1,50 y 1,75 ptas. y que en Pontejos el jornal de un bracero era de 2 ptas, aproximadamente[4]. La soldada variaba de invierno a verano. En Benavente era de 0,90 ptas en invierno; 1,25 a 1,50 en primavera y 1,50 en verano. En 1904, el jornal de los segadores de algarrobas en Villapando era de 3 reales y un cuartillo de vino[5]. Las mujeres y los muchachos cobraban aproximadamente la mitad[6]. El salario resultaba prácticamente insuficiente si era sólo un miembro de la familia el que trabajaba. Se calcula que el total de gasto diario era de 1,73 ptas[7]. De ahí que en época de paro estacional o de falta de trabajo la situación de muchas familias fuera angustiosa, sobre todo cuando se producía una carestía en los alimentos.

Panorámica de Benavente a principios del siglo XX.
La alimentación

En cuanto a la alimentación, los patronos de Benavente suministraban a sus obreros sopa por la mañana, cocido con carne salada, generalmente en mal estado, al mediodía y pan y cebolla por la tarde[8]. En Villapando, la manutención consistía en: el almuerzo y la cena en pan y cebolla y la comida en muelas y algo de cecina, tal como se informaba en el I Congreso de Obreros Agrícolas celebrado en abril de 1904 en aquella villa y que fue el preludio de la agitación campesina de los meses de junio y julio de aquel mismo año[9].

El combustible: leña y paja

Mercado en Benavente.
Añádase además las penalidades para pasar el invierno en una región donde escaseaban los jornales y era necesario, además, asegurar el combustible para hacer frente a los rigores de los meses más fríos. En Benavente, algunos propietarios permitían a los jornaleros recoger leña en los montes de su propiedad; ello parecía responder a hacerse con una clientela fiel en momentos de elecciones municipales, provinciales o a las Cortes de la nación[10]. Junto a la leña, la paja era uno de los combustibles de primera necesidad; de ahí que entre las reivindicaciones de los obreros en la huelga de 1904 se pidieran "dos carros de paja buena" por jornalero y temporada[11].

Población jornalera

Familias enteras se dedicaban a las labores del campo. En Benavente, los barrios con predominio de población jornalera eran Santa Clara y La Sinoga[12], si nos atenemos al padrón de 1910. Este nos revela, en algunos casos, la temprana edad a la que comenzaban a trabajar los niños. Como ejemplos basten estos datos: la familia de Domingo Gutiérrez Sánchez estaba compuesta por el padre, de 61 años, jornalero con 3 hijos, uno practicante de farmacia y otros dos jornaleros, uno de 17 y otro de 11 años[13]; en la calle Santa Clara vivía un guardia civil, retirado con 60 años, natural de Alcañices, con esposa y cinco hijos, los cuatro varones de 26, 24, 22 y 16 años, jornaleros, y la hija de 13, costurera.

La vivienda

Las casas solían ser pequeñas y poco aireadas. En Villalpando, A. Buylla observó qua las casas de trabajadores eran "impropias para el uso á que se las destinaba, por la falta de luz y de ventilación, por la carencia de habitaciones (la mayor parte no tienen más que una alcoba, en donde duermen hacinados padres é hijos), y por su poco capacidad, que reduce considerablemente la cantidad de aire respirable"[14].

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Texto extraído de mi trabajo:
 "Crisis obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920). I. El periodo 1898-1905 y la implantación del socialismo. Los sucesos de Villalpando, Santa Cristina y San Cristóbal". Brigecio, 8, Salamanca, 1998, pp. 211-240".

 [1] M. ESTEBAN DE VEGA y J. LÓPEZ SANTAMARÍA (1992): "La condición obrera en Salamanca durante la Restauración". I Congreso de Historia de Salamanca, 1989. III. Historia Contemporánea. pp. 57-63. Salamanca.

[2] C. HERMIDA REVILLA (1989): Economía agraria y agitaciones campesinas en Castilla la Vieja y León: 1900-1936, pp. 51 y ss.

[3]Adolfo Alvarez Buylla redactó un informe sobre la situación agraria en Castilla en octubre de 1905 por encargo del Instituto de Reformas Sociales. Ver. Miseria y conciencia del campesino castellano. Comentado por J. Aróstegui. Madrid, 1977. Cfr. P. BIGLINO (1986): El Socialismo español y la cuestión agraria (1890-1936). Madrid. Centro de Publicaciones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. p. 50.

[4]C. HERMIDA : Op. cit., pág. 56

[5] El Correo de Zamora, 6 de junio de 1905.

[6]Informe A. Buylla, en Miseria y conciencia del campesino castellano, Op. cit., pág. 133.

[7]J. SÁNCHEZ JIMÉNEZ (1992): "La población, el campo y las ciudades". En: La población, la economía, la sociedad (1898-1931). Historia de España. Ramón Menéndez Pidal. Tomo XXXVII, pág. 342.

[8] Informe A. Buylla, en Miseria y conciencia del campesino castellano, Op. cit., pág. 133.

[9] El Heraldo de Zamora, lunes 18 de abril de 1904.

[10] Informe Buylla. En Memoria y conciencia..., pág. 133.

[11] Archivo Municipal de Villalpando (A.M.V.). Libro de copias de correspondencia (del 27 de abril de 1904 a Septiembre de 1914). Fol 12. El alcalde al gobernador, 7 de junio.

[12] Las calles con alta población de jornaleros eran la de Los Carros, Santa Clara, la Sinoga, Santa Catalina y Ancha.

[13]A.M.B. Padrón 1910, leg. 176. Cfr. con los datos referentes a la provincia de Ávila que aporta C. Hermida, op. cit., pág. 54.

[14] Informe A. Buylla, en Miseria y conciencia del campesino castellano, Op. cit., pág. 139.