sábado, 18 de noviembre de 2017

"De grandes cenas..."

LA CONDESA GLOTONA

José Ignacio Martín Benito 

El rico Epulón y Lázaro. Anónimo, siglo XVII.
Sabido es que las mesas de los nobles estaban bien provistas de buenas viandas. Cuando Felipe II y su hijo el príncipe don Carlos, visitaron Benavente en 1554, el conde les obsequió con diversos manjares, tanto en la comida como en la cena. El cronista Andrés Muñoz se fija en los preparativos para una de aquellas cenas y cuenta: "Estaban otras tres mesas grandes, á la larga, en que habia veinte gentiles hombres del Conde muy bien aderezados, con sus toallas al hombro, trinchando pavos, perdices, capones, gallinas, tórtolas, pollos, palominos, cabritos, truchas, muchas diferentes maneras de pasteles reales, sin otros rellenos de aves: otros delicados y extraños servicios de leche, y ensaladas; y esto tan espléndidamente, que por no me detener no trato d´ellos. Tuvo de mesa el Conde aquella noche más de ochenta caballeros; de modo que hasta que las mesas fueron alzadas nunca se dejó de tocar de rato á rato los menestriles, y otras veces flautas y cornetas".

"Estaban en lo bajo, que es el patio, muchos retretes, que en los unos estaban las hachas y velas de cera blanca y amarilla, y en el otro el vino y el agua, en los otros las aves y carne, y en los otros las frutas y truchas, y en los demas cosas maravillosas, que ver de cada cosa d´esto la superabundancia era para dar gracias a Dios. Estaba á otra parte la cava, que es donde estaba la copa del Infante y agua y vino; y la panatería en otra, que es donde sale á ponerse la mesa para S.A. y están el pan y toda fruta".
Pintura valenciana, siglo XVII. Círuclo de Miguel March.

Como se ve, los Pimentel no escatimaban en el comer, ni para ellos ni para sus criados. Dicen que de casta le viene al galgo. Lo cierto es que cien años después de la visita real, el apetito no parecía haberse detenido en los titulares de la casa de Benavente. Pero ya se sabe que el comer en exceso tiene sus consecuencias y, en el caso que vamos a contar, fueron funestas.

La condesa de Benavente debía gustar de darle al paladar y comer en demasía. Tanto que comía al día cuatro pollas de leche, cocinadas de distinta manera. Una noche de finales del mes de enero de 1656 cenó una en gijote, esto es, guisada y rehogada en manteca de cerdo, y otra en pepitoria. Comió de ella 16 alones, pese que el médico le advirtió que era mucha cena, sobre todo teniendo en cuenta su edad. La condesa replicó al galeno que necesitaba dichas viandas para poder dormir. Vaya si durmió, tanto que no despertó. De lo que se colige que, como dice el dicho: “De grandes cenas están las sepulturas llenas”.

La noticia corrió como la pólvora y unos días después, Jerónimo de Barrionuevo, anotó en su dietario de “Avisos” lo siguiente:

Madrid y febrero 2 de 1656
Murió la condesa de Benavente, domingo en la noche. Fue el caso que esta señora se comía cada día cuatro pollas de leche en diferentes maneras. Cenó una en jigote y una pepitoria, comiendo de ella 16 alones, sin los adherentes acostumbrados de conservas y sustancias. Díjole el médico que la asistía que para su edad era mucha cena. Respondióle que sin esto no dormiría, e hízolo tan bien, que amaneció en el otro mundo, volando en los alones de las aves. Tenía hecho testamento, mandando no la enterrasen si muriese hasta passados tres días, por unos desmayos grandes y dilatados que le solían dar; y que la embalsamasen y llevasen su corazón al túmulo de su marido, que también se hallan ahora Belernos y Durandartes a cada paso. Dejó toda su hacienda a los Trinitarios descalzos, que dicen pasan de 100.000 ducados. Requiescant in pace” (Jerónimo de Barrionuevo: Avisos (1654-1658). Tomo II. Madrid 1969, pp. 244-245).
Ambiente aristocrático, siglo XVII.

Pero, ¿de qué condesa se trata? Isabel Francisca Benavides, marquesa de Jabalquinto y condesa de Benavente –por matrimonio con Antonio Alfonso Pimentel en 1637- murió en 1653; debía contar con 38 años. Muerta su esposa, el conde volvió a casar en segundas nupcias en 1658 con doña Sancha Centurión y Córdoba, que murió en 1678. El hecho de que el médico aconsejara que “para su edad, era mucha cena” nos sugiere que podría tratarse de la condesa viuda Antonia de Mendoza y Orense, con la que había contraído matrimonio en segundas nupcias el conde de Benavente Juan Francisco Pimentel (1584-1652), madrastra, por tanto, del nuevo titular de la casa Antonio Alfonso Pimentel. Sin embargo, Barrionuevo cita a la condesa en 1656, con motivo del traslado a Madrid del famoso Cristo de Benavente. Así que, hoy por hoy, el nombre de la condesa glotona es una incógnita.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Cartografía militar de la frontera hispano-portuguesa (3)

ANTONIO GAVER, INGENIERO DEL REY

José I. Martín Benito
Antonio Gaver. Ciudad Rodrigo. 1752.

En la segunda mitad del siglo XVIII se multiplican las labores cartográficas de los ingenieros militares sobre las tierras de La Raya. Y es que las difíciles relaciones entre España y Portugal llevaron a que la Corona española ordenara el reconocimiento de la franja fronteriza entre ambos países.

Tras la firma del Tratado de Límites con Portugal en 1750, se procedió a realizar varios trabajos sobre el terreno. Destacan, especialmente los del ingeniero Antonio Gaver, que levantó la cartografía de toda la frontera, desde el Guadiana hasta el Miño. El mapa y la memoria de la frontera portuguesa con Andalucía lo realizó en 1750[1]; al año siguiente elaboró los correspondientes a Extremadura en sus límites con el Alemtejo[2]; de 1753 data el mapa de la frontera entre Castilla con los territorios de Aveiro y Tras-os-Montes y los de la frontera entre Portugal y Galicia[3]. En esta cartografía se señalaban los vados que podían servir como paso entre España y Portugal, anotándose los puestos y fortificaciones, así como las alturas más inmediatas aptas para ser fortificadas, con las poblaciones próximas; se incluían las posiciones de Ledesma, Zamora y Benavente “que incluyendo Ciudad Rodrigo pueden en caso de irrupción servir de segunda línea de repuestos y puestos de reserva”[4]. En 1755 Antonio Gaver realizó el mapa de la frontera portuguesa incluyendo una parte de Andalucía, Extremadura, Reino de León y Galicia[5].

Gaver. Castillo de Trevejo, 1750.

Antonio Gaver. La frontera en Ayamonte, 1769.

En 1760 Gaver cartografió la zona correspondiente a la provincia de Castilla confinante con los territorios portugueses de Aveiro y Tras-os-Montes, previniendo que era copia del mapa que acompañaba a la relación realizada por el coronel ingeniero José Crane; en este trabajo, Gaver anotó las posesión de los puestos que se proponían fortificar y los lugares que servían de aduana[6]. Antonio Gaver realizó también entre 1751 y 1752 varios planos y perfiles sobre el estado y obras de fortificación en las plazas de Ciudad Rodrigo, La Puebla de Sanabria, Fermoselle y el Fuerte de la Concepción de Aldea del Obispo.[7]

Mapa parcial de la frontera hispano-portuguesa, con Ciudad Rodrigo, el fuerte de Aldea del Obispo y Almeida, 1752.
 



[1] Mª C. HEVILLA GALLARDO: “Reconocimiento practicado en la frontera de Portugal por el ingeniero militar Antonio Gaver en 1750”. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona, 2001. Vol. VI, nº 335; Mª S. PITA GONZÁLEZ: “La cartografía de la frontera hispano-portuguesa en el siglo XVIII: Trabajos de Antonio Gaver en la zona de Andalucía”.

[2] Catálogo de cartografía histórica de la frontera hispano-portuguesa. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos. Centro Geográfico el Ejército, 2000, pág. 18.

[3] Catálogo de cartografía histórica de la frontera hispano-portuguesa. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos. Centro Geográfico el Ejército, 2000, pp. 16 y 17.

[4] Catálogo de cartografía histórica de la frontera hispano-portuguesa. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos. Centro Geográfico el Ejército, 2000, pág. 57.
[5] Catálogo de cartografía histórica de la frontera hispano-portuguesa. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos. Centro Geográfico el Ejército, 2000, pág. 20.

[6] Catálogo de cartografía histórica de la frontera hispano-portuguesa. Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos. Centro Geográfico el Ejército, 2000, pág. 57.

[7] H. CAPEL et alii: Los ingenieros militares en España. Siglo XVIII. Repertorio biográfico e inventario de su labor científica y espacial. Barcelona 1983, pág. 202. Antonio Gaver describió los bienes de propiedad militar del concejo de Ciudad Rodrigo en el Libro de Registro y Reconozimientto (AMCR). Es el autor también del “Plano y perfiles de la plaza de Ciudad Rodrigo, arrabales y padastro inmediato y en línea de cordon Y Proyecto antiguo que se ideó para el Arrabal de San Francisco, y el que propongo lavado de amarillo a fin de dejar estta Plaza con mucho menos importe en estado de una regular defensa cualquier sittio formal”.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cartografía militar de la frontera (2)

PEDRO MOREAU Y LOS TRABAJOS EN ZAMORA, CIUDAD RODRIGO Y LA PUEBLA DE SANABRIA


Jose I. Martín Benito

Pedro Moreau. Plano de la Puebla de Sanabria, 1743.
Los Pactos de Familia (1733, 1741 y 1761), que suscribieron las monarquías borbónicas de Francia y España, pusieron de relieve la necesidad de prestar más atención a los dispositivos de la defensa peninsular y, en consecuencia, a la frontera hispano-portuguesa. 
La reconstrucción del Fuerte de la Concepción en Aldea del Obispo se convirtió en la obra militar por excelencia en esta parte de la frontera. Destacan, especialmente, los trabajos de Pedro Moreau. Este ingeniero, que había realizado trabajos sobre las fortificaciones de Pamplona, Cádiz y Badajoz, fue destinado en 1735 a Ciudad Rodrigo como “delineador”; allí recibió el encargo de remodelar el antiguo fuerte de Aldea del Obispo y el reducto de San José[1]
Pedro Moreau. Ciudad Rodrigo, 1735.
Paralelamente, Moreau elaboró un informe sobre el estado militar del Campo de Argañán, donde se ocupa de los caminos, paso de ríos y arroyos, recursos del terreno, poblaciones, lugares que deberían fortificarse…[2]. El ingeniero se ocupó también de las plazas de Ciudad Rodrigo, Zamora y La Puebla de Sanabria[3], así como del fuerte de San Carlos en Carbajales[4]. De en torno a esas fechas (28 de junio de 1734) es también el plano redactado por Gerónimo Canobes sobre los proyectos para la fortificación de Ciudad Rodrigo, remitidos por el gobernador de la plaza al Consejo de Castilla[5].

Pedro Moreau. Cuartel de infantería para Zamora, 1737.


Pedro Moreau. Fuerte de San Carlos, en Carbajales (Zamora), 1739.


 (Continuará)


[1] AGS. Guerra Moderna, Leg. 3638 y AGS MPyD, XXXI-7; XXXI-8: XXXIII-6; XXXIII-3; XXXXIII-5 y X-90.
[2] “Reconocimiento y visita de la frontera de Castilla, y Portugal, egecutada en el contiguo Campo de Argañán por el Coronel e Yngeniero en jefe D. Pedro Moreau” [12 de julio de 1735]. AGS. Guerra Moderna. Leg. 3638. Citado por F. R. de la FLOR: El fuerte de la Concepción y la arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII. Salamanca 1987, pág. 103 y transcrito por el mismo autor en el apéndice de su obra: La frontera de Castilla. El fuerte de la Concepción. Salamanca 2003, pp. 271-282. De este autor véase también: “La ingeniería militar ilustrada y la frontera de Castilla”. Arbor CLXXIII, 683-684 (Noviembre-Diciembre 2002), pp. 553-583.
[3] Realizó un plano de Ciudad Rodrigo en 1735 (AGS. MPyD, XIII-136); un plano de la villa de La Puebla de Sanabria en 1741 (AGS. Secretaría de Guerra, Leg. 03392) y algunos más de la Zamora, como Porción del Plano de la Ciu[da]d de Zamora que demuestra la colocación del Quartel que propone su ayuntamiento construir en el Barrio de la Horta [1738] (AGS. Secretaría de Guerra, Leg. 3533). En Zamora, Moreau elaboró también una Porción de Plano de lX-90.
[2] “Reconocimiento y visita de la frontera de Castilla, y Portugal, egecutada en el contiguo Campo de Argañán por el Coronel e Yngeniero en jefe D. Pedro Moreau” [12 de julio de 1735]. AGS. Guerra Moderna. Leg. 3638. Citado por F. R. de la FLOR: El fuerte de la Concepción y la arquitectura militar de los siglos XVII y XVIII. Salamanca 1987, pág. 103 y transcrito por el mismo autor en el apéndice de su obra: La frontera de Castilla. El fuerte de la Concepción. Salamanca 2003, pp. 271-282. De este autor véase también: “La ingeniería militar ilustrada y la frontera de Castilla”. Arbor CLXXIII, 683-684 (Noviembre-Diciembre 2002), pp. 553-583.
[3] Realizó un plano de Ciudad Rodrigo en 1735 (AGS. MPyD, XIII-136); un plano de la villa de La Puebla de Sanabria en 1741 (AGS. Secretaría de Guerra, Leg. 03392) y algunos más de la Zamora, como Porción del Plano de la Ciu[da]d de Zamora que demuestra la colocación del Quartel que propone su ayuntamiento construir en el Barrio de la Horta [1738] (AGS. Secretaría de Guerra, Leg. 3533). En Zamora, Moreau elaboró también una Porción de Plano de la ziudad de Zamora que demuestra el Paraje en donde se ha combenido por el Gov[ernad]or D[o]n Ginés de Hermosa y Espejo, y el in
a ziudad de Zamora que demuestra el Paraje en donde se ha combenido por el Gov[ernad]or D[o]n Ginés de Hermosa y Espejo, y el ingeniero D[o]n Leandro Bachelieu, colocar el almazen de Polvora y cuerpo de Guardia [1737] (AGS. Secretaría de Guerra, Leg. 3290).
[4] AGS. Guerra Moderna. Leg. 3290 y MPyD, XIII-116. Moreau, que confirmó el estado de ruina del fuerte, propuso la demolición de buena parte de los edificios del interior, la reforma del glacis y la construcción de un reducto para defender el barranco contiguo, obras que no se llevaron a cabo. En 1770 era ya utilizado como cantera por los vecinos de Carbajales. M. A. HERVÁS HERRERA y M. RETUERCE VELASCO: “Intervención arqueológica en el fuerte de Carbajales de Alba (Zamora)”. Anuario del Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de Ocampo”. Zamora 2000, pp.157-183 [pp. 158-159].
[5] AGS. Guerra Moderna. Leg. 3299. MPyD, XIV-87.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Cartografía militar de la frontera (1)

Los ingenieros del Rey. Carlos Robelin
Vista aérea del fuerte de San Carlos (La Puebla de Sanabria).

La desconfianza mutua que presidió las relaciones hispano-portuguesas a lo largo de los siglos XVII y XVIII llevó a la monarquía española a encargar a sus ingenieros militares la elaboración de planos, proyectos, reconocimientos y descripciones en relación con la defensa de la frontera y de sus principales plazas y puestos más destacados.

Muchos de estos trabajos se remontan al siglo XVII en plena Guerra de la Independencia de Portugal, pero se reavivan sobre todo a lo largo del siglo XVIII.

Tras la Guerra de Sucesión a la Corona de España (1700-1714), se trazó una nueva administración militar en la frontera de Portugal, con las capitanías generales de Galicia, Castilla, Extremadura y Andalucía. La capital de la capitanía general de la llamada en la documentación de la época “Frontera de Castilla” se instaló en Zamora.
Cuartel en Ciudad Rodrigo, proyecto de Robelin.

Las plazas principales de esta parte de la frontera, desde Galicia a Extremadura, esto es, desde el Padornelo hasta la Sierra de Gata, fueron La Puebla de Sanabria, Zamora y Ciudad Rodrigo. Como fuertes, destacaron los de San Carlos (La Puebla de Sanabria), San Carlos (Carbajales de Alba) y La Concepción (Aldea del Obispo).
La Puebla de Sanabria y su entorno, por C. Robelin

Fuerte de San Carlos, Carbajales de Alba (Zamora), por C. Robelin.

Para el refuerzo de los sistemas defensivos, la Corona se valió de los ingenieros militares. Los más prolíficos en esta Capitanía general fueron: Primer tercio:

Primer tercio del siglo XVIII

- Carlos Robelin

Segundo tercio del siglo XVIII

- Pedro Moreau
- Antonio Gaver
- Cayetano Zappino
- Silvestre Abarca
- Juan Martín Zermeño 

Tercer tercio del siglo XVIII

- Giraldo de Chaves

- Florián Gerig y Julián Albo

Se trataba no sólo de defender el territorio, de una agresión portuguesa, sino también de vigilar el contrabando. Así “[será preciso] vigilar los desfiladeros, y finalmente cortar el ilizito comerzio que cada día practica aquella potenzia, en el corte de la madera de los montes altos y vajos,  señaladamente la Plaza de Almeyda, la qual no puede subsistir sin esta libertada facultad” (Reconocimiento de Pedro de Moreau, 1735).

Carlos Robelin

Ingeniero militar destinado en la frontera de Castilla. Nacido en Francia. En 1719 pasó al servicio del Rey de España. Ingeniero y lugarteniente del ejército.

Entre sus trabajos, cabe citar: Un “Proyecto general determinadas obras a realizar para poner a Ciudad Rodrigo en estado de Defensa (Zamora, 20 noviembre de 1721). En Ciudad Rodrigo proyectó dos cuarteles, uno de caballería y otro de infantería.

Entre 1721 y 1722 realizó varios planos sobre La Puebla de Sanabria y sus alrededores. En 1721 hizo un plano sobre el Fuerte de San Carlos (Carbajales de Alba). Diseñó también trabajos para la línea del Duero. De 1722 data un Plano de la villa y castillo de Fermoselle, hecho en Ciudad Rodrigo. Robelin realizó también planos de Zamora, Toro y proyectos de cuarteles en Zamora, 1721 y 1722.
Proyecto de fortificación de Ciudad Rodrigo. Carlos Robelin.

domingo, 29 de octubre de 2017

Los cordobanes de Ciudad Rodrigo, una herencia moruna


LA INDUSTRIA DEL CUERO: EL AUGE HASTA EL SIGLO XVII

José Ignacio Martín Benito

Ciudad Rodrigo. Río Águeda, castillo y barrio de las tenerías.
Dentro de las manufacturas producidas por los artesanos en Ciudad Rodrigo durante el Antiguo Régimen cobraron justa fama las relacionadas con la industria del cuero, en especial los cordobanes. Su calidad era reconocida por propios y extraños y eran comparables a las lanas de Segovia, las sedas de Granada, los linos y cáñamos de Andalucía o el hierro y cobre de Vizcaya.

En la Península, tanto el cordobán como el guadamecí tienen su origen en la España musulmana, pues fueron introducidos por los árabes a partir del siglo VIII. La capital andalusí, Córdoba, de donde toma el nombre el cordobán, fue un gran centro productor del trabajo de la piel, junto con Sevilla, Toledo, Barcelona, Valencia, etc[1]. Junto con el guadamecí (técnica de trabajo artístico badana, esto es sobre piel de carnero u oveja ya curtida), el cordobán se hace sobre piel de cabra, curtida con zumaque; ambos constituyen las dos modalidades del trabajo artístico del cuero. En el caso del cordobán, el cuero se decoraba y ornamentaba con motivos repujados o grabados, a veces pintados y recamados de oro y plata; el cordobán se utilizaba en la fabricación de guantes, zapatos, sillas de montar, estuches y recubrimiento de muebles (arquetas, cofres, baúles, asientos y respaldos de sillones...) y debía su fama a su duración y elasticidad[2].

Trabajo del cuero. Cordobán.
El primer trabajo de la piel era el curtido. En Ciudad Rodrigo se hacía en las distintas tenerías dispersas por la ciudad, pero que se concentraban principalmente extramuros, entre la muralla y el río Águeda, por la parte del mediodía. Aunque en la ciudad hubo varias tenerías y fábricas de curtido, sólo una parte de las pieles eran destinadas al fino trabajo de elaboración de cordobanes. En varios casos, era la ciudad la que entregaba los solares a particulares para la instalación de las tenerías[3].

Al menos desde el siglo XV, el concejo de Ciudad Rodrigo ejerció un proteccionismo del sector de la piel, ordenando que los carniceros sólo pudieran vender fuera los cueros una vez estuviera abastecida la ciudad. Esto también afectaba a los recatones y curtidores a los que se prohibía la venta fuera de la ciudad sin la autorización del concejo[4]. De especial interés para la ciudad tuvo la decisión de los Reyes Católicos, expedida en Valladolid el 21 de agosto de 1475, por el que concedían a los habitantes de la ciudad y a sus arrabales el privilegio de celebrar un mercado franco los martes de cada semana. Entre los productos del país libres de alcabalas y otros tributos se señalaban también los cueros[5]. Las ordenanzas que fue dando el concejo se ocupó con frecuencia de los trabajos relacionados con la piel. Así, en 1604, se ordenaba que los curtidores y zapateros vendieran la suela enjuta y no la cortaran ladeada y que en los zapatos echaran las palmillas de suela y baqueta[6].


Guadamecí.
A Antonio de Brunel, que viajó por España hacia 1665, debemos una de las alabanzas de estos productos mirobrigenses. En el capítulo XXXVIII de Diario del viaje de España escribe: “Las más excelentes materias de todas las telas, las lanas de Segovia, las sedas de Granada, los cordobanes de Ciudad Rodrigo, los linos y los cáñamos de Andalucía, el hierro y el cobre de Vizcaya, los despojos de su ganado, de su terruño y de sus minas, deberían llenar las ciudades de artesanos de las mejores fábricas de Europa”[7].

(Contiuará)

Para saber más sobre estas técnicas:
https://www.ambar-muebles.com/blog/cordoban-y-guadameci-tradicion-y-artesania-decorativa/
Cordobán.


[1] J. FERRANDIS TORRES, Cordobanes y Guadamecíes. Catálogo ilustrado de la Exposición. Madrid 1955. Sociedad Española de Amigos del Arte, pp. 22-33.

[2] A. SOLER i COLOMER, “El cordobán y el guadamecí”, en El Arte en la piel. Catálogo de la exposición de la Fundación Central Hispano, 8 de octubre-30 de noviembre de 1998, pág. 33 y J. RIVERA et alii, Manual de técnicas artísticas. Madrid 1997. Ed. Historia 16, pp. 251-252. Entre la bibliografía sobre los cordobanes, cabe citar, además de la obra de FERRANDIZ TORRE, Op. cit. las de S. ALCOLEA, Artes decorativas en la España cristiana (hierros forjados y bronces. Orfebrería y esmaltes. Muebles y artesonados, cordobanes y guadamecíes, marfiles y azabaches. Tejidos, tapices y alfombras. Bordados. Ars Hispaniae. Vol. XX Plus Ultra, 1975. Asimismo, de manera más monográfica el Catálogo-guía: Exposición de cordobanes y guadamecíes. Madrid, mayo-junio 1943. Sociedad Española de Amigos del Arte; M. NIETO CUMPLIDO, Cordobanes y guadamecíes de Córdoba. Córdoba 1973 y C. AYCART, “Los cueros artísticos: cordobanes y guadamecíes”. Revista de Folklore. Valladolid 1981, pp. 11-17.

[3] Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo. Sección 10, sub, 1, serie 3. nº caja 199, docs. 7 y 8. Copia de escritura de pensión de 5 maravedíes cada año contra Francisco de Alcalá y sus herederos sobre una tenería que esta ciudad el dio, año 1515 y escritura de 5 maravedíes de pensión contra Juan Garzón y sus herederos sobre un solar que le dio la ciudad para hacer tenería, ante Fernando de Chaves, 16 d enoviembre de 1515. Agradezco esta información a Tomás Domínguez Cid.

[4] A. BERNAL ESTÉVEZ, El concejo e Ciudad Rodrigo y su tierra durante el siglo XV. Salamanca 1989, pág. 396.

[5] J. L. MARTÍN, El Martes Mayor de Ciudad Rodrigo. Centro de estudios Mirobrigenses. Salamanca 1992, pág. 28.

[6] Archivo Municipal de Ciudad Rodrigo. Sección 11. Ordenanzas Municipales. Sub 1, serie 1, caja 201.

[7] J. GARCÍA MERCADAL, Viajes de extranjeros por España y Portugal. Salamanca 1999, Vol. V, pág. 360.

martes, 24 de octubre de 2017

Benavente hace 200 años


EN LA PROVINCIA DE VALLADOLID

José I. Martín Benito

Benavene, panorámica parcial. Comienzos del siglo XX.
Entre 1826 y 1829 Sebastián Miñano y Bedoya publicó su Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal dedicado al Rey nuestro señor. Gracias a esta obra, el autor de Becerril de Campos (1779-1840) ingresó en la Academia de la Historia. Para la confección de su obra se valió, sobre todo, de la información que le suministraron los curas párrocos: “á cada uno de los cuales he escrito separadamente, pidiéndoles nociones ciertas y positivas de sus respectivos pueblos y de los inmediatos”, según declaraba él mismo; también le prestaron colaboración el director de la Academia, Martín Fernández Navarrete y el censor Juan Agustín Ceán Bermúdez.

En la voz Benavente, incluye tanto el partido judicial como la villa. Se incluía entonces Benavente en la provincia de Valladolid y tenía a su cargo 115 pueblos. Componían su población 619 vecinos y un total de 2.386 habitantes. Había 7 parroquias, 5 conventos (tres de frailes y dos de monjas), 3 hospitales, un pósito y una administración de correos, con casa de posta compuesta por 10 caballos.

Miñano cita los principales caminos. Referente a las viviendas de esta parte del país señala la “la pequeñez, la fealdad y el estado miserable y ruinoso de sus edificios. Hechos por la mayor parte de tapia ó de adobes”.


Benavente, parcial.
Sobre el paisaje que va desde Benavente hacia Galicia, Asturias y Madrid, Miñano indica un campo "árido, monótono y desagradable á la vista del viajante".


Os dejo el texto íntegro:

BENAVENTE: villa señorial de España, provincia de Valladolid, cabeza de partido de su nombre, con 115 pueblos de jurisdicción. A. M. de primera clase, con 2 ordinarios, subdelegación de policía, vic. foránea ; 619 vecinos, 2.386 habitantes, 7 parroquias, 1 pósito, 3 conventos de frailes y 3 de monjas, 3 hospitales, I cuartel, administración general de sal, tabaco y municiones, administracion principal de correos, casa de postas, con l0 caballos, administracion subalterna de loterias, sociedad económica. Situada á los 41° 59' 55" de latitud N. y á los 01° 57' 45" de longitud occidental del meridiano de Madrid en la estremidad de un terreno elevado, entre los rios Esla y Orbigo, cuyas márgenes domina desde unas 40 varas de altura. Su horizonte es muy despejado, singularmente desde el antiguo y fuerte palacio de los condes de este título. El clima es muy benigno, el terreno fértil y bien cultivado que riega una acequia. Hay 2 sotos de buenos álamos y negrillos. El campo de todos los pueblos en las inmediaciones de Benavente y aun á muchas leguas de distancia en la direccion que lleva el camino real de Madrid a Galicia y Asturias, es generalmente árido, monótono y desagradable á la vista del viajante, y á él se aplican las observaciones siguientes que el señor, Jovellanos comunicaba en carta que escribió á uno de sus amigos; "Agregue V. á esto la naturaleza del país que acabamos de atravesar, compuesto de inmensas llanuras de horizontes interminables, sin montes ni, colinas, sin pueblos ni alquerías, ni árboles ni matas, sin un objeto siquiera que señale y divida sus espacios y fije los aledaños de la observacion, y verá que es incapaz de ser reconocido de carrera, y que se resiste sin arbitrio al estudio y meditacion del caminante. Ni aun la forma del cultivo puede suplir como en otras partes este inconveniente. V. no ve por. esta línea de Madrid, particularmente, pasada la falda de Guadarrama, otra cosa que tierras y mas tierras de sembradío ó de viñedo, pero sin casas, cercas, vallados, ni arbolado, y que solo presentan á la vista, ó un yermo espantoso, cuando alzado el fruto ó cuando pendiente una escena inmensa de mieses y viñas, rica y magnífica á la verdad; pero tambien cansada por su uniformidad, que apenas puede sostenerse aun en la agradable estacion del año. Como no hay, edificios rústicos, ni linderos visibles que señalen la division de las propiedades, V. tampoco puede distinguir fácilmente lo bien de lo mal cultivado, ni saber á quien pertenece la aplicacion ó el abandono. Es pues imposible hacer una buena descripcion de este pais; y yo despues de recorrer los apuntamientos de mi diario, solo puedo sacar de ellos éstas melancólicas reflexiones y el triste convencimiento qué producen. Esto es por lo que toca al suelo; pero otro tanto se puede decir de los pueblos y mansiones. Quien llega á comer a una posada lleno de cansancio y fatiga, y solo tiene tiempo para dar una mirada muy de paso á tal cual objeto digno de ser visto: ¿qué es lo que podrá decir acerca de ellos?... Sin embargo una observacion general salta á los ojos al atravesar tantos lugares sucios y derrotados como hay en la línea, y es la pequeñez, la fealdad y el estado miserable y ruinoso de sus edificios. Hechos por la mayor parte de tapia ó de adobes, si se levantan con facilidad, con la misma se desmoronan á la simple accion del sol y de las lluvias. ¿Sabe V. que el orígen de este mal está en la falta de combustibles? Es verdad que escasean la piedra, la cal, la madera; pero ¿el ladrillo no remediaria esta falta si hubiese con que cocerle?” Es patria de fray Toribio de Montolinéa que escribió sobre las costumbres y usos de los indios. Dista 15 leguas de la capital y 12 y 1/4 N. de Zamora. Desde Villalpando á esta villa hay 7 horas de marcha militar, en cuyo intermedio se encuentran Cerecinos de los Barrios y la venta de San Estevan; y desde Riego hay 7 horas y ½ pasando por Moreruela, Santovenia, Villabéza y Barcial del Bárco. Desde Santasmartas hay 6 horas, en cuyo intermedio estan Sitrama, Colinas y Santa Cristina. Entre Benavente y el puente de Esla fue hecho prisionero por los ingleses en 1808 el coronel Lefebre‑Desnouettes que mandaba, un cuerpo de mamelucos del ejército de Napoleon Buonaparte. Contribución 178,340 rs. 10 maravedís. Derechos enagenados 98,221 rs.10 maravedís[1]

Prácticamente el mismo texto, con ligerísimas variaciones, recoge el Diccionario Geográfico Universal, Tomo I, Barcelona 1831 (pp. 860-861), por lo que nos abstenemos de incluirlo. Las siguientes voces que se recogen aparecen a lo largo de los diez tomos de la obra.
Panorámica de Benavente.

[1] S. MIÑANO, Diccionario… (1826), Tomo II, pp. 62-63. 

Para más información:

http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2014/09/jose-ignacio-martin-benito-cronistas-y.html
 

jueves, 19 de octubre de 2017

La frontera entre España y Portugal


LA RAYA Y LAS FORTIFICACIONES

José I. Martín Benito 

Vista aérea de Ciudad Rodrigo.
La frontera hispano-portuguesa hunde sus orígenes en la Edad Media y, en concreto, en los tratados de Zamora (1143) Badajoz (1267) y Alcañices (1297) entre los Reinos de León y Portugal. Fue en este último, donde quedó prácticamente definida[1]. Tras diversos avatares, invasiones y conflictos en la Edad Media, los reinos de España y Portugal quedaron unidos en 1580 bajo la monarquía católica de Felipe II (I de Portugal) hasta la Guerra de Restauración o de Independencia de Portugal (1640-1668). El Tratado de Lisboa, que puso fin al conflicto, apenas modificó las fronteras peninsulares[2]

La denominada "Frontera de Castilla", como se la conoce en la Edad Moderna, se insertaba entre la de Galicia, al norte y la de Extremadura al Sur. El territorio iba pues desde la Alta Sanabria hasta El Rebollar, esto es desde la Sierra Segundera hasta la Sierra de Gata. Es este un territorio donde la línea fronteriza está delimitada por varios cursos fluviales, en especial los del Manzanas, Duero, Águeda y Turones, en un terreno muy accidentado, “aspero” y “fragoso” como lo denominan las fuentes militares.

Castillo de La Puebla de Sanabria.

A lo largo de esta línea, desde la desembocadura del Miño hasta la del Guadiana, se levantaban castillos y fortificaciones, cuyas fábricas databan de los tiempos medievales. La orografía del terreno condicionaron las entradas de las tropas por la denominada Raya húmeda, de modo que las principales plazas fronterizas se ubicaban en la Raya seca, esto es en La Puebla de Sanabria, al norte y en Ciudad Rodrigo al sur. Fue precisamente en el contexto del conflicto militar de la Independencia con Portugal cuando el Consejo de Guerra impulsará un sistema de fortificaciones abaluartadas en la frontera de Castilla: entre ellos, los fuertes de San Carlos en La Puebla de Sanabria y Carbajales de Alba, respectivamente, y el de La Concepción en Aldea del Obispo, junto con los refuerzos de La Puebla y de Ciudad Rodrigo. La réplica portuguesa a la construcción del Real Fuerte de la Concepción fue la fortificación de Almeida. El sistema de fortificación responde al modelo Vauban, y dibuja una estrella de doce puntas.

Almedia (Portugal).


[1] E. MEDINA GARCÍA: “Orígenes históricos y ambigüedad de la frontera hispano-lusa (La Raya)”. Revista de Estudios Extremeños. 2006, vol. 62, nº 2, pp. 713-724. R. CUNHA MARTINS: “La frontera medieval hispano-portuguesa (el punto de vista de la guerra)”. En Á. VACA LORENZO: La guerra en la Historia. Acta salmanticensia, 108. Salamanca 1999, pp. 95-114. M. GONZÁLEZ JIMÉNEZ: “Las relaciones entre Portugal y Castilla del Tratado de Badajoz (1267) al Tratado de Alcañices (1297)”, en J. SÁNCHEZ HERRERO (coord.): El tratado de Alcañices: ponencias y comunicaciones de las Jornadas conmemorativas del VII centenario del Tratado de Alcañices (1297-1997). Zamora y Alcañices, del 8 al 12 de septiembre de 1997 /1999. Véanse también las actas de O Tratado de Alcanices e a importância histórica das terras de Riba Côa: actas do Congresso Histórico Luso-Espanhol, 12 - 17 de Setembro de 1997. Lisboa. Universidade Católica Editora, 1998.

[2] Ignoro el fundamento en el que se basan algunos autores para afirmar que, tras la Guerra de Independencia de Portugal, Hermisende y La Tejera pasaron a España, con el argumento de que en el levantamiento portugués de 1640 no reconocieron a don Joâo IV de Bragança por lo que, al acabar la guerra, quedaron sujetas a la corona española. Así lo manifiesta M. GÓMEZ MORENO: “Este pueblo [Hermisende] y Tejera tocan con Portugal, de la que se desgarraron, negándose a secundar la rebelión del Duque de Braganza”; vide Catálogo monumental de España. Provincia de Zamora. 1927, Tomo I, pág. 23. También lo hace Mª J. DE MOURA SANTOS: Os falares fronteiriços de Tras-os-Montes, 1987, pág. 89. Cierto es que Hermisende y La Tejera decidieron pasar a la soberanía portuguesa entre 1340 y 1342, lo que dio lugar a un litigio entre Alfonso IV de Portugal y Alfonso XI de Castilla y entre los concejos de Braganza y La Puebla de Sanabria; el rey castellano las reclamó en 1346 con el envío de embajadores a Portugal; sobre ello véase N. VIGIL MONTES: “Livro de demarcaçoes entre estes reinos de os de Castela e de contratos de pazes”, un cartulario para las relaciones lusocastellanas en la Baja Edad Media. Documenta & Instrumenta,13 (2015), pp. 133-165, en especial regesta de documentos 11-16, 18-19 y 23; digitalización del Livro de demarcaçoes en http://digitarq.arquivos.pt/details?id=4223191

Ver también J. L. MARTÍN: “Conflictos luso-castellanos por la Raya”. Revista da Faculdade de Letras. Historia, nº 15, 1 (1998), pp. 259-274. En el siglo XV tanto Hermisende como La Tejera pertenecían a Castilla y no a Portugal, como comprobó Mendo Afonso de Resende en junio de 1538, tras el reconocimiento de la demarcación fronteriza que hizo entre 1537-1538 por mandato del rey de Portugal. Las declaraciones de testigos consultados por Resende señalaron que estas dos poblaciones pertenecían a la jurisdicción de La Puebla de Sanabria, y lo venían siendo ya desde tiempo atrás. En efecto, Resende incluye una averiguación de 1450 procedente de Bragança en la que se afirmaba que Hermisende era de Castilla: “E que desde hahy [rio das Maças (Riomanzanas)] se syguiam os termos per marcos dyvisoes antre Bragança e Seabra que chegam a Ermesende que ora he de Castella e que n´alldea d´Ermesende avia dous bairos e per antr´elles ambos hiam hua agoa de Tuella e o bairo da parte daquem d´agoa era de Portugall e o outro de Castela”. Parece pues que a mediados del siglo XV San Ciprián de Hermisende –en la margen derecha del Tuela- pertenecía al reino portugués, mientras que Hermisende –en la margen izquierda- se incluía en el reino de Castilla. Ver Demarcaçoes de fronteira. Lugares de Tras-os-Montes e de Entre-Douro-e-Minho. Vol III: Humberto Baquero Moreno (Coordinador) e Isabel Vaz de Freitas (Índices y revisión paleográfica). Centro de Investigaçao e de Documentaçao de História Medieval. Universidad Portucalense-Infante D. Henrique, Oporto, 2003, pp.78, 80 y 84. De hecho, Hermisende formó parte de los bienes confiscados por el infante Alfonso de Castilla a Diego de Losada en 1465 y entregados al III conde de Benavente; I. BECEIRO PITA: El condado de Benavente en el siglo XV. Benavente 1998, pp. 187 y 209-210.