martes, 15 de agosto de 2017

El paso de los puertos en Sanabria

DIFICULTADES Y BANDIDOS: LA VISIÓN DE LOS VIAJEROS

Salteadores de caminos.
José I. Martín Benito

Con las modernas autovías, apenas si tomamos consciencia de lo que en otro tiempo fue atravesar las montañas.
Si el paso de los ríos presentaba dificultades, por la fuerza de las aguas o por el mal estado de los escasos puentes, no menos difícil era atravesar los puertos, en particular los que separaban la Meseta con Galicia. Eran las montañas de la alta Sanabria “las más frías de toda Castilla”, en palabras del jesuita José Martínez de la Puente[1]
El paisaje, plagado de bosques y montañas era lugar apropiado para el escondite de los ladrones. La comitiva real de Felipe el Hermoso, que en 1506 atravesó aquellas montañas en su camino hacia Benavente sufrió el ataque de los bandidos:

Debéis entender que las dichas montañas no fueron pasadas por tan gran número de gentes y tantos bagajes sin grandes trabajos, gastos y miseria, y que varios perdieron sus cobres, baúles y equipajes. Y no dudéis de que, si los gallegos son inclinados al robo, como lo son y no saben abstenerse de hacerlo, es porque hallan remisión de sus latrocinios tan ligeramente como los del país de Laleu, remisión por haber derribado un roble; es decir, matado a un hombre de mala manera, como el país les proporciona ocasión de hacerlo; pues, cualquiera que sea el robo que hayan hecho, tan pronto como pueden pasar una montaña o penetrar en un bosque, y hay allí varios, ya no se les puede echar mano. Y no dudéis que con gran trabajo y miseria el rey y todo su acompañamiento pasaron las dichas montañas y hubo muchos de los del acompañamiento que no tuvieron sus cofres hasta quince días después de la llegada del rey al dicho Benavente...”.

A la inseguridad del robo se unían las inclemencias meteorológicas, sobre todo en las épocas del crudo invierno, con ventiscas y nevadas copiosas, como a las que tuvo que enfrentarse Bernardo de Aldrete, al pasar el Padornelo y La Canda en su camino a Santiago en 1612:

Quando llegamos al lugar de Requexo, primero de Galizia, no aviendo nevado antes començó a nevar bonicamente, passamos apriessa hasta Luvian, subiendo al puerto del Padornelo i fuimos con gran priessa i trabajo de la ventisca i nieve que iva cubriendo el camino. Aiudónos la guia, i también las carretas i harrieros que ivan passando el puerto, i con esta tormenta lo passamos medio a la posta i llegamos al Padornelo, que es buen lugar, i subimos otro puerto de la Canda de la misma suerte con gran nieve, i no menos viento a la villa Vella, ribera de un rio con sus molinos i passamos adelante por aquellas montañas, todas pobladas de lugarcicos, i ia mui noche, muy elados i mojados llegamos al Pereiro, siete leguas de la Puebla, que son más que nueve porque las leguas de Galizia son maiores que las de que lo son más del Andaluzia”. 

Barjacoba. La Opinión de Zamora.
Si las condiciones orográficas, cubiertas además de densa vegetación, eran o podían ser refugio de ladrones, también podían ocultar fuerzas militares y servir de emboscada en la defensa del paso de los puertos. No se olvide que estas montañas eran las puertas de Galicia. Por ello, en el reconocimiento que del terreno hizo Dámaso de Aldao en 1810 por mandado de la Junta Superior de Armamento y Defensa del Reino, en el transcurro de la Guerra de la Independencia, se destacaba cómo la abundante maleza podía ocultar a los defensores, en el caso de una entrada de los enemigos franceses en esta parte del territorio gallego:

Desde el lugar de Requejo (que está á tres leguas de la Puebla y dos de Padornelo) se dirige acia á este la gran cuesta que llaman de los Libros, que por ser sumamente repechosa y formar en toda su extension infinitos [...] , ofrece la mejor defensa pudiendo los defensores aprovecharse de toda la maleza que cubre aquellas asperas montañas, emboscándose en ella y ofender sin ser ofendidos[2].

Aldao recomendaba construir en determinados puntos del Padornelo y de la Canda algunos barracones para albergar tropas, dado los rigores del largo invierno:

El principal de ellos es la Portilla de la Canda, que como dije arriba, dista de la de Padornelo tres leguas. En esta tambien es necesario construir igual clase de barracones que en la primera por que las situaciones de ambas están sumamente expuestas á los rigores de una estacion cruel en casi todo el discurso del año, y el pueblo menos distante está á media legua de ellas; por cuia razon no podrán acudir con la prontitud correspondiente á aquellos destinos sus defensores á no practicarse dichas obras”.

[1] “Relacion verdadera de lo que ha sucedido en la plaza y frontera de la Puebla, en el mes de Noviembre, hasta 30 dél, por el P. José Martinez, de la Compañía de Jesús, que se halló presente á todo” (1643), en Cartas de algunos PP. de la Compañía de Jesús: sobre los sucesos de la monarquía entre los años 1634 y 1648. Memorial histórico español. Colección de documentos, opúsculos y antigüedades. T. XVII, Madrid 1861-1865). Real Academia de la Historia.

[2] “Reconocimiento de las Portillas del Padornelo, la Canda, y puntos de defensa inmediatos á estas: hecho por el Teniente del Real Cuerpo de Ingenieros, Dn Dámaso de Aldao, en virtud de Orden de la Junta Superior de Armamento y Defensa de este Reino, con un breve dictamen para la defensa de aquellas”. Instituto de Historia y Cultura Militar. Sección A, grupo XV, subgrupo II. Colección General de Documentos. 4068. 1 de abril de 1810. Signatura 5-4-5-11, 63.

jueves, 10 de agosto de 2017

Bodegas ¿guaridas de bandidos?

ARQUITECTURA POPULAR: CASAS Y BODEGAS DE BENAVENTE

José I. Martín Benito

Bodegas de San Adrián del Valle.
Uno se puede sentir sorprendido por el título de este post, esto es si las bodegas del paisaje de los la comarca de Benavente fueron guaridas de bandidos. Nada más lejos de la realidad. Eso fue sólo una ensoñación de algún viajero inglés que estuvo por estos lares a finales del siglo XVIII. Aquí os dejo algunas impresiones.
Ford y su viaje por España, según R. Lewis.
Los edificios notables (castillos, iglesias, conventos...) son los que llaman más la atención de los viajeros y en su descripción se detienen. Sin embargo, rara vez se paran en las construcciones de los lugareños. No obstante, contamos con algunos testimonios. Así, el británico Towsend se refiere a las casas fabricadas con tapial[1]: “los pueblos –dice- no son otra cosa más que una acumulación de chozas de barro”. Estas debían ser de reducidas dimensiones, teniendo en cuenta el espacio que el viajero inglés encontró en posadas como la de Santovenia.

Sebastián de Miñano recoge en su Diccionario la impresión de Jovellanos, al describir las llanuras castellanas que se extienden pasadas la sierra de Guadarrama, en el camino de Madrid a Galicia: el asturiano observó un país “sin casas, cercas, vallados, ni arbolado”, destacando “la pequeñez, la fealdad y el estado miserable y ruinoso de sus edificios”, construidos en su mayor parte de tapial o adobes, lo que achaca a la escasez de piedra, de cal y de madera.

Richard Ford.

Hay también referencias a las bodegas excavadas bajo el subsuelo, que debieron causas “estragos” en el ejército de Moore, según refiere R. Ford: “en San Román de la Valle se excavan en las colinas de tierra blanda bodegas, cuyo contenido fue más fatal para las tropas de Moore que ningún enemigo, pero Baco ha sido siempre más temible para nuestros valientes soldados que Marte, porque sucumben en seguida a la tentación de la bebida (Parte de guerra del 2 de noviembre de 1810), y entonces todo se ha terminado”
En la retirada del ejército británico hacia La Coruña en 1808, Vaughan ya había deparado en estas construcciones: "Vimos unas puertas que conducían a innumerables excavaciones en las bajas colinas de arcilla que, según nos dijeron eran otras tantas bodegas y lagares".

Por su parte, el toparse con estas construcciones, hizo estimular las ensoñaciones de Southey (1795), al cual, cuando las descubre, se les antoja “guaridas de los nativos perseguidos, suevos o godos”, llenas de bandidos.


[1] En el mismo material estaban hechas las murallas de Benavente, según las vio R. Ford hacia 1835: “Cruzando el Esla se levanta Benavente, con sus largas murallas de tierra mezclada con paja”, material este en el que estaban también construidas algunos muros del castillo, a decir del inglés: “, mientras que el material con que está construido es una piedra rojiza, basta e innoble, con bastante cantidad de mezcla de arcilla y paja”.

sábado, 5 de agosto de 2017

Imágenes de la guerra de la Independencia (2)

EL PASO DEL RÍO ÁGUEDA POR LAS TROPAS BRITÁNICAS

José I. Martín Benito
Paso del río Águeda por las tropas británicas. Ciudad Rodrigo 1808.

El 11 de noviembre de 1808, las tropas británicas comandadas por sir John Moore cruzaron el río Águeda en Ciudad Rodrigo, para combatir al ejército francés. El Ministro de la Guerra británico había confiado al general Moore (1761-1809) la cooperación con los ejércitos españoles para expulsar de la península a los ocupantes franceses. Moore partió de Lisboa; el 11 de noviembre de 1808 entró en España por la frontera de Ciudad Rodrigo.

Sir John Moore.
Desde aquí se dirigió a Salamanca. Sin embargo, internado lejos de sus bases de aprovisionamiento y disgregadas sus fuerzas en tres núcleos (Ávila, Astorga y Salmanca), finalmente dio orden de retirarse a La Coruña por el camino de Galicia, perseguido por el ejército francés al mando del propio Napoleón, que le siguió hasta Benavente y Astorga. En las cercanías de La Coruña, Moore fue mortalmente herido por una bala de cañón en la batalla de Elviña, siendo enterrado a los pies de los muros de la ciudad gallega.

En 1809, un año después de la campaña del general británico en España, James Carrick Moore publicó en Londres en la imprenta de J. Johnson “A narrative of the camping of the British Army in Spain: commanded by... Sir John Moore, K.B.& C: authenticated by oficial papers and original letters” [Relato de la campaña del Ejército Británico en España al mando de su Excelencia Sir John Moore]. De esta obra existe una traducción y estudio de A. Urgorri Rodríguez, publicado por la Diputación Provincial de La Coruña en 1987.

Adam Neale

Paso del río Águeda, 11 noviembre de 1808 (detalle).
Entre los acompañantes de la expedición de Moore estaba Adam Neale (1779-1832), médico del ejército británico. En 1809 publicó sus "Letters from Spain and Portugal", que fue una de las primeras publicaciones sobre la Guerra de la Indepedencia. Adam Neale recogió en un dibujo el paso de las tropas británicas por Ciudad Rodrigo, cruzando el Águeda, por el vado y por el puente, con el alcázar y las murallas coronando el cerro. Años después, el apunte de Neale fue grabado a la piedra por Harding e impreso por Rowney y Forster para entregarlo al duque de Wellington y de Ciudad Rodrigo.

El grabado coloreado es el que aquí reproducimos. Un ejemplar del mismo fue adquirido hace unos años por el Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo.


lunes, 31 de julio de 2017

Los últimos barqueros

VALLES DE BENAVENTE

José I. Martín Benito
Claudino Domínguez en La Ventosa.

En varios post de este blog nos hemos referido al paso de los ríos a través de los puentes y de las barcas de paso. 
De los primeros, hemos incluido noticas sobre los puentes de Zamora, Castrogonzalo, puentes sobre barcas en España... En cuanto a las barcas, hemos hecho referencia a las de los valles de Benavente, del Duero, del Porma...
El declive de las barcas de paso está estrechamente relacionado con la construcción puentes. La sustitución del paso móvil o flotante por una fijo fue el empeño de las poblaciones ribereñas, que buscaban así una mayor facilidad para la comunicación, al tiempo que garantizaba también la seguridad para cruzar los ríos en cualquier época del año. De modo que podemos decir que la construcción de los puentes conllevaba la muerte de las barcas.

En una comarca tan irrigada como la de los Valles de Benavente, una de las obras públicas mejor representadas entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX fue la construcción de puentes. Entre otros, destacan los de Santa Cristina, Santibáñez, Micereces y Mózar, lo que condujo inevitablemente a la desaparición de las embarcaciones.

No obstante, todavía en la segunda mitad del siglo XX continuaron activas algunas barcas, dada la ausencia de un paso fijo y seguro. Fue el caso de la barca de La Ventosa, entre Santa Colomba y Benavente, que estuvo activa hasta la construcción del puente, -cuyo inicio tuvo lugar en 1953-. El paso móvil fue recuperado cuando en 1962, una crecida del Órbigo se llevó parte del puente. Por su parte, la de Pobladura del Valle a Fresno de la Polvorosa navegó este tramo del río hasta la entrada en funcionamiento del puente en 1966.
Chalupa en Bretocino.


En el curso bajo del Tera, las últimas embarcaciones que estuvieron activas hasta finales de la década de 1960 y principios de los setenta fueron las de Pumarejo- Camarzana y la de Calzada-Calzadilla, respectivamente. Por su parte, en el Esla el paso entre Bretó y Bretocino mantuvo una barca grande hasta los años sesenta del siglo XX, mientras que una más pequeña o “chalupa” continuó navegando hasta la construcción del puente en 2002.

Varios son los testimonios orales que hemos oído y recogido de diversas gentes que utilizaron estos pasos móviles. Pero especialmente, resultan de interés el de sus principales protagonistas: los barqueros y sus familias. Algunos de aquellos “carontes” guardan buena memoria de sus tiempos de navegación y así nos lo contaron. Su testimonio ha contribuido, sin duda, a conocer, de primera mano, el mundo de las barcas de paso en la comarca benaventana. Ellos son, o han sido, los últimos barqueros.



Rosendo Barrios, barquero de Pobladura del Valle.
Y estos son o han sido, entre otros: Elías Martínez Salvador (barca de Villanueva de Azoague); Claudino Domínguez (barca de Bretocino y barca de La Ventosa), Celso Guerra (barca de La Ventosa); Martín García Colino e Ignacio Álvarez García (barca de Pumarejo de Tera), José Álvarez Carro (barca de Calzadilla de Tera), Virgilio Hernández Neches (barca de Milles de la Polvorosa), Rosendo Barrios Fernández (barca de Pobladura a Fresno de la Polvorosa).

Barca de Pobladura a Fresno (río Órbigo).
Barca de Pumarejo de Tera. 

http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html

miércoles, 26 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (y 3)

LOS MANTOS TRANSFORMADOS EN BARCAS Y OTROS MILAGROS PARA CRUZAR LOS RÍOS

Tres pueblos de Zamora y sus leyendas

José I. Martín Benito
Rionegro del Puente y el santuario de La Carballeda.

En los pueblos de Zamora corren leyendas ligadas al paso de los ríos. Una de ellas es la de Rionegro del Puente y su famoso santuario de la Virgen de la Carballeda, donde todos los años, miles de personas van a la romería, que se celebra el tercer domingo de septiembre. ¿Cuál es el origen de tan celebre santuario? Veámoslo.

Las aguas caudalosas no eran un freno para el poder celestial, que podía transformar en paso flotante los mantos de los peregrinos. Es la base de la leyenda de la Virgen de la Carballeda, que se habría parecido en un roble o carballo a unos peregrinos que trataban, infructuosamente, de pasar el río Negro, que venía desbordado. La Virgen les ordenó que tendieran sus capas sobre las aguas a modo de embarcaciones y así pudieron vadear el río.
Virgen de la Carballeda.
En las cercanías de aquel lugar, los devotos levantaron un templo (el santuario de la Virgen de la Carballeda en Rionegro del Puente, Zamora), y comenzaron a prestar albergue a los peregrinos, tradición continuada por la Cofradía de los Falifos o Farrapos[1]. Precisamente, a Nuestra Señora de los Falifos se encomendó a principios del siglo XIX el barquero de Santa Cristina de la Polvorosa, Joaquín Rodrigo, obteniendo una total curación después de haber sido desahuciado por los médicos. En prueba de ello dejó un exvoto al santuario[2].
Exvoto del barquero de Santa Cristina en La Carballeda.

Montamarta y su monasterio

Todavía hoy se conservan las ruinas del monasterio jerónimo del pueblo zamorano de Montamarta. El viajero las podrá encontrar a la derecha de la N-631 a su paso por esta localidad. La leyenda de la fundación de este monasterio está ligada al paso del río Esla.

El milagro de los mantos transformados en embarcaciones, caso del de Santa Basilisa en San Pedro de la Nave o el de la Virgen de la Carballeda en Rionegro, lo encontramos también en la leyenda de la fundación del monasterio jerónimo de Montamarta, según relata Fray José de Sigüenza:

“Con esta licencia partieron los treze religiosos de Guadalupe… Caminaron al fin hazia Zamora, y vinieron a parar en aquella parte donde el rio Ezla, derribándose por entre unos riscos asperos, haze a la salida una vuelta, casi de todo punto cerrada, dexando aislado en medio un gran peñasco. Encima del está assentada una péqueña hermita del Arcangel S. Miguel (esta se entiende que era eredad de Fray Fernando de Valencia) a una legua del lugar de Montamarta, y quatro de la ciudad de Zamora. Contentoles a la primera vista el sitio, no reparando mucho en los inconvenientes que después se descubrieron, para la salud del cuerpo, y para otros menesteres de la vida del hombre. Pusieron los ojos en que el lugar estava apartado, solo, casi inacessible, por la muralla y defensa del rio. Entraron en la hermita, pusieronse de rodillas delante el santo Arcangel, hizieron una larga oración, postrados en tierra. La sustancia della fue rogar a aquel capitán de los exercitos del cielo, y caudillo de la Iglesia, los amparasse, y fuesse guía en quella milicia que començavan, y pues venían como desterrados de aquel paraíso, por su sovervia, les alcançasse de Dios y el don de la humildad, que tanto desseavan….

Ruinas del monasterio de Moreruela.
Predicavan con los ojos, y con las manos, y con toda la compostura y modestia de su trato. Davanles alguna limosna, y aquella traían al convento con mucha alegría. Vieron muchas vezes los moradores de aquella tierra (y duró muchos años la fama, y no se ha acabado agora) que volviendo algunos destos siervos de Dios de predicar, y pedir limosna, para el consuelo, y sustento de sus hermanos, a la vuelta, sucedida aver crecido el rio de manera que no se podría pasar a la peña donde estava el monasterio cercado todo de agua, con la avenida grande, y los siervos de Dios, llenos de fe, y esperanca, tendían el manto en el agua, y passavan de pies encima, sin mojarse un pelo. Quedavanse llenos de admiración los que los miravan, y publicavan la maravilla, diziendo, que aquellos hombres todos eran santos…

Determinaron al fin de mudar sitio, mas temprano que quisieran, y ordenavalo Dios ansi, aunque sintieron mucho dexar su peña. Vinieronse al lugar de Montamarta, a una casa que era de fray Fernando de Valencia, en tanto que Nuestro Señor abría puerta para mejor asiento… En otra relación harto antigua se dize, que se recogieron en una hermita de san Iulian, que estava cerca del pueblo, poco menos de media legua”[3].
Pasando el Esla, en Bretocino.

Otra leyenda: la de Santa María de Moreruela

Cerca del pueblo La Granja de Moreruela está un monasterio cisterciense, que para muchos es una de las primeras fundaciones de la Orden del Císter en España.

El monasterio está próximo al río Esla. Allí había una barca para cruzar el río. Un paso peligroso que dio lugar también a la protección de Nuestra Señora de Moreruela. En este caso es la propia imagen de la Virgen la que hizo las veces de barca, según cuenta la leyenda referente a San Froilán y San Atilano, estos huían de sus perseguidores y cruzaron el río Esla sobre la imagen de Santa María de Moreruela:


“Hiban huiendo los benditos santos de los sarracenos. Fue esto en el reynado de Ramiro III, rey de León, que por la dicha canalla heran mui calamitosos aquellos tiempos. Y por lo mismo no tenían seguro alvergue, y para maior seguridad determinaron pasar el rio Esla, y sin la más leve dilación san Froylán al derecho y San Atilano al izquierdo cogieron a Maria Santíssima de Moreruela, y sirviéndoles de navío aquella milagrosa imagen y el Niño que tiene en sus brazos de piloto, desguazaron el río sin mojarse.”[4]

Otro de los santos ligados a la protección viaria y al cruce de los ríos es San Cristóbal. Su culto como protector de viajeros y peregrinos está bien atestiguado en el territorio de la provincia de Zamora[5].
San Francisco de Paula, navegando sobre su manto.
http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html


[1] L. CORTÉS VÁZQUEZ: “Caminos de peregrinación occidentales” en L. HUIDOBRO Y SERNA: Las peregrinaciones jacobeas, Tomo III, Madrid 1951, pp. 497-498 y 504-505; C. de ERRO E IRIGOYEN: “Nuestra Señora de la Carballeda”. Zamora Ilustrada, 21 de septiembre de 1881; L. VÁZQUEZ DE PARGA, J. M. LACARRA Y J. URIA RIU: Las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Tomo I. Madrid 1948, pp. 252-254. J. A. RIVERA DE LAS ERAS: La estampa religiosa popular en la provincia de Zamora, Zamora 1997, pp. 113-120; R. GONZÁLEZ RODRÍGUEZ: El Santuario de la Virgen de la Carballeda - La Cofradía de los "Falifos" de Rionegro del Puente.

[2] Debo la información a Julio Badenes Almenara y a José Luis Hernando Garrido.
[3] J. de SIGÜENZA: Historia de la orden de San Jerónimo. Madrid 1907, Tomo I. pp. 146-148. Véase también C. A. ISIDRO GARCÍA: “Leyendas del monasterio de San Jerónimo de Montamarta (Zamora)”. Revista de Folklore. 2009, Tomo 29, nº 338, pp. 61-65. Los mantos transformados en embarcaciones están presentes en varias leyendas hagiográficas: San Julio de Novara navegó sobre su manto en la isla del lago Orta (Italia); San Martín de Tours cruzó el río Dora por este procedimiento hasta las cercanías de Anzasco; San Juan de Xenós llegó a Creta desde la isla de Gaudos usando el manto de barca y el bastón de mástil; San Francisco de Paula y sus compañeros cruzaron el estrecho de Mesina desde Sicilia; el hospitalario San Gerardo dei Tintori atravesó el río Lambro sobre su capa para socorrer a los necesitados. Otros santos que surcaron las aguas con ayuda de sus mantos fueron: San Alberto de Génova, San Raimundo de Peñafort, el beato franciscano Conrado Confalioneri de Piacenza, San Miro de Canzo, el venerable Gesualdo Melacrino de Reggio Calabria… Véase D. GRENCI: “Los santos que navegaron sobre su manto” en
                                                                                                                                              
[4] Se hace eco de la leyenda el corresponsal de Tomás López. Véase: J. LORENZO ARRIBAS: Diccionario Histórico-Geográfico de la provincia de Zamora, según las informaciones obtenidas por el geógrafo real Tomás López (1765-1798). Zamora, pp. 175-176.
[5] L. GRAU LOBO: “San Cristóbal, homo viator en los caminos bajomedievales: avance hacia el catálogo de una iconografía singular”. Brigecio 4-5. Salamanca 1995, pp. 167-184; J. L. HERNANDO GARRIDO: “Sobre el Cristobalón de Santa María del Azogue en Benavente (Zamora): ¿Pero hubo alguna vez sirenas en los ríos Órbigo y Esla a inicios del siglo XVI?”. Revista de Folklore. Fundación Joaquín Díaz, 2012, nº 366, pp. 4-32.

viernes, 21 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (2)

REINO DE LEÓN: LA LEYENDA DE SAN JULIÁN
San Julián, el Hospitalario.
           
José I. Martín Benito
 

En el Reino de León varias son las leyendas que hacen referencia a la intervención divina y a la ayuda celestial en el cruce de los ríos: desde vírgenes protectoras, santos barqueros o frailes que andan sobre las aguas.


Quizás una de las leyendas más conocidas sea la de los santos barqueros de San Pedro de la Nave (Zamora), Julián y Adela (o Basilisa), que ayudaban a los peregrinos a cruzar el río Esla. La pareja habría llegado a este lugar tras la penitencia impuesta por el Papa para que Julián expiara su pecado de parricidio, de modo que, junto a su compañera, construyó una barca y una hospedería para el auxilio y socorro de los peregrinos[1]. El lugar de embarque era conocido como “embarcadero de Santa Basilisa”, el manto de la santa servía de lancha para pasar piedra destinada a la construcción del templo[2].


La advocación a San Julián, patrono de los barqueros y de los pescadores, se atestigua también en poblaciones que tuvieron pasos de barca. Además de San Pedro de la Nave, su culto se documenta en Alija de la Ribera (Bernesga)[3], en Castrillo de Porma, en Mózar y Villanázar (Tera)[4]. También en Salamanca, el santo tiene una iglesia bajo su advocación.

Barca sobre el Esla (Aldea del Puente). Década de 1930.
Una leyenda similar es la de San Boal, vinculada en este caso a Manzanal del Barco, otro santo arrepentido de su pasada vida que decidió retirarse a las riberas del Esla, construir una barca, dar albergue y alimento a los viajeros y pasarlos al otro del río. En la base de ambas leyendas, tanto de la de San Pedro de la Nave como de la de San Boal está la de San Julián el Hospitalario[5].

La leyenda de San Boal está también ligada a la ciudad de Zamora. Fernández Duro se hace eco de una historiografía local que ve en el santo un jefe de bandoleros hasta el momento de su conversión y que con los bienes mal adquiridos fundó un hospital y una barca para ayudar a pasar el Duero, al tiempo que fabricaba y vendía vasijas de barro, con cuyos beneficios sustentaba sus obras hospitalarias. Tras padecer martirio junto a su hermana Justa y otros compañeros, sus reliquias se conservarían en la iglesia de San Torcuato[6].



[1] La leyenda de San Julián el Hospitalario fue recogida por Luis Cortés en San Pedro de la Nave, donde señala que los barqueros eran Julián y Adela. Advierte el autor que en el siglo XIX, tras los estudios de Garnacho y Fernández Duro, la leyenda popular se mezcló o se confundió con la de los santos Julián y Basilisa. L. CORTÉS VÁZQUEZ: “La leyenda de San Julián el Hospitalario y los caminos de la peregrinación jacobea del occidente de España”. Revista de Dialectología y tradiciones populares. Tomo VII, Madrid 1951. Cuaderno 1, pp. 56-83. Esta leyenda está muy difundida en Europa y ligada a los caminos de peregrinación. Véase también S. de la VORAGINE: “La leyenda dorada. Tomo I. Madrid 1992, pp. 141-146. La versión erudita de la de San Pedro de la Nave en: C FERNÁNDEZ DURO: Memorias históricas de la ciudad de Zamora, su provincia y obispado. Tomo I. Madrid 1882, pp. 185-188. También en U. ÁLVAREZ MARTÍNEZ: “Nuestro grabado”. Zamora Ilustrada, 29 de junio de 1881. No obstante, la presencia de los santos Julián y Basilisa en la leyenda es anterior al siglo XIX, como suponía L. Cortés. Una visión actualizada es la de J. LORENZO ARRIBAS: “Tradición oral, unos santos barqueros y algunos datos documentales dispersos sobre la Nave”, en L. CABALLERO ZOREDA (coord.): La iglesia de San Pedro de la Nave. Zamora. Zamora 2004, pp. 19-37.

[2] A. CUADRADO: “Un gran joya artística: La iglesia de San Pedro de la Nave (diócesis y provincia de Zamora)”. Heraldo de Zamora, 13 de agosto de 1930, pp. 3 y 4.

[3] N. BARTOLOMÉ PÉREZ: “El folklore relacionado con la basílica paleocristiana de Marialba de la Ribera (León)”. Revista de Folklore, nº 319. Año 2006, pp. 119-125.


[4] J. I. MARTÍN BENITO: “En la merindad de Valverde. Villanázar: notas para su historia”. Brigecio, 21-22. Benavente 2012, pp. 167-168.

[5] L. CORTÉS VÁZQUEZ: Op. cit. y “Caminos de peregrinación occidentales” en L. HUIDOBRO Y SERNA: Las peregrinaciones jacobeas, Tomo III, Madrid 1951, pp. 490-491.


[6] C. FERNÁNDEZ-DURO: Memorias históricas de la ciudad de Zamora, su provincia y obispado. Madrid 1882. Tomo I, pp. 142-143.

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domingo, 16 de julio de 2017

La ayuda celeste en el paso de los ríos (1)

BARCAS Y LEYENDAS. EL PODER DE LOS CIELOS
Barca. Dibujo de Hildebrand. Grabado de Moynet.

José I. Martín Benito
 

El paso de los cauces fluviales mediante el uso de embarcaciones ha constituido, sin duda, un potencial riesgo para la seguridad de personas, ganados y mercancías. Con la proliferación de puentes o viaductos desde mediados del siglo XX, apenas hoy somos conscientes de lo que en otras épocas supuso pasar de una orilla a otra. Sin embargo, pasar un río entrañaba dificultades, que se dejaba en manos de la pericia de los barqueros, pero también en invocar la protección del cielo. 


En la geografía hispana varios son los pasos de barca ligados a la ayuda divina. Como los caminantes que, implorando el auxilio de San Rosendo, pudieron cruzar el río Cádavo en una embarcación cuyo barquero resultó ser el propio santo[1]; o los peregrinos ingleses que venían de romería a Santiago en 1211, cuya barca naufragó en el río a la altura de Tolosa, pero que pudieron salir del agua gracias al socorro de Santo Domingo[2].


La ayuda mariana
A la Virgen de Monserrat se encomendaron los barqueros de San Vicente dels Horts en la crecida del río Llobregat la noche del 31 de agosto de 1617, cuando se rompió la maroma de la barca, saltaron al agua y pudieron salvar sus vidas[3]
Barca en el río Llobregat, Principios del siglo XX.

 Algo similar le ocurrió al ermitaño del santuario de Nª Sª del Viñero de El Grado, que en compañía de otras personas cruzaba en barca el río Cinca; tras romperse la sirga y ser arrastrada la embarcación invocaron el auxilio de la Virgen y pudieron ponerse a salvo, tras la cual mandaron fabricar una barquilla como ex voto al santuario[4]. A la Virgen de los Llanos de Hontoba (Guadalajara) invocaron los pasajeros de la barca de Acequilla en 1615, cuando al cruzar el Henares, el río rompió la parte donde estaba asegurada la maroma, de modo que el agua comenzó a anegar la embarcación con riesgo de hundimiento, pero, finalmente, pudieron salir libres de tal peligro[5].


A la Virgen del Camino de León se encomendaron en 1677 dos peregrinos que iban a Santiago cuando la corriente arrastró la barca en la que cruzaban el río Narcea en Cornellana (Asturias); enderezada la nave pudieron ponerse a salvo, lo que atribuyeron a la “providencia maravillosa del Cielo”[6]. La intercesión de la Virgen María resultó también providencial para el auxilio de Fray Leandro, descalzo de la Santísima Trinidad, que cayó con la mula al río Tajo cuando iba a tomar la barca para cruzarlo, pero que pudo ser socorrido por los de la embarcación[7]
Santos y ríos
La propia Santa Teresa de Jesús y sus acompañantes pudieron también sobrevivir a la rotura de la maroma de la barca cuando pasaban un río camino de Sevilla[8]. En otras ocasiones, son los propios santos los que, al no poder utilizar la barca, pasan el lecho del río, transportados por la divinidad o caminando sobre las aguas, como se atribuye a San Pedro de Alcántara en el Guadiana, Alconétar (Tajo) y Boecillo (Duero)[9]

Otras veces, basta extender una prenda sobre las aguas y esta se convertirá en balsa de paso; lo hizo San Bernardino de Siena que, al no quererle pasar el barquero el Ebro en La Puebla, extendió su manto sobre las aguas, encima del cual pudo pasar el río, junto a otro compañero franciscano[10]. También Santa María de la Cabeza, esposa de San Isidro Labrador, extendió su mantilla para pasar a la otra orilla del río y visitar la ermita de Nª Sª de la Piedad[11]
San Francisco de Paula, navegando sobre su manto.


Para saber más:
http://ledodelpozo.blogspot.com.es/2015/08/jose-ignacio-martin-benito-barcas-de.html




[1] Ordoño de Celanova. Vida y milagros de San Rosendo. Edición, traducción y estudio por Manuel C. Díaz y Díaz, María Virtudes Pardo Gómez y Daría Vilariño Pintos La Coruña, 1990, pp. 169-171.

[2] Fr. J. LÓPEZ: Flos sanctorum del beato Santo Domingo y su orden de predicadores. Valladolid 1622, fol. 16 v. y Fr D. SUÑER: Vida y milagros de Santo Domingo de Soriano. Perpignan 1651. pp. 36-39.

[3] Libro de la historia y milagros, hechos a invocación de nuestra Señora de Montserrate. Barcelona 1627, pág. 287.

[4] R. A. FACI: Aragón, reyno de Christo, y dote de Maria Santissima, exaltado por la columna immobil de Nuestra Señora del Pilar y favorecido con los santissimos misterios de Jesus sacramentado, reliquias de la Santa Cruz, y otras; con las Santissimas imágenes de Nuestra Señora, apariciones, y patrocinio de muchos santos. Tercera y quarta parte. Tomo segundo. Madrid 1750, pág. 149.

[5] A. de SAN IGNACIO: Historia de la invención de la santa, y milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Llanos, y de sus milagros. Madrid 1719, pág. 295.

[6] J. de VILLAFAÑE: Compendio histórico en que se da noticia de las milagrosas y devotas imágenes de la Reyna de cielos, y tierra, María Santissima, que se veneran en los mas celebres santuarios de Hespaña. Salamanca 1726.

[7] Fr. LUCAS de la PURIFICACIÓN: Quarta parte de la Chronica de los descalzos de la Santísima Trinidad, redempción de cautivos. Granada 1732, pp. 62-63.
A la ayuda mariana se encomendaban también los que intentando cruzar un río, sufrían algún percance; fue el caso del soldado Alonso de la Peña que en 1468 cayó con su caballo a las aguas del Guadalentin y, tras encomendarse a la Virgen de Guadalupe, pudo salir a flote, “assentado sobre el agua, como si fuera una barca, sin tragar gota, ni hundirse, ni causarle miedo, ni pena caso tan temeroso”, tras lo cual logró asirse a un hilo verde “como si fuera una maroma recia” y ponerse a salvo. D. MONTALVO: Venida de la soberana Virgen de Guadalupe a España, su dichosa invención y de los milagrosos favores que ha hecho a sus devotos. Lisboa 1631, pp. 27-28.

[8] Fr. D. de YEPES: Vida, virtudes y milagros de la bienaventurada virgen Teresa de Jesus, madre y fundadora de la nueva reformación de la orden de los descalzos y descalzas de nuestra Señora del Carmen. Madrid 1796, pág. 383 y Madrid 1797, pág. 85.

[9] J. de SANTA MARÍA: Chronica de la provincia de San Ioseph de los descalços de la Orden de los Menores de nuestro Seraphico Padre S. Francisco. Madrid 1615, pág.115 y M. DE SAN JOSÉ: Historia de las vidas y milagros de nuestro beatro padre Frai Pedro de Alcántara, de el Venerable Frai Francisco de Cogolludo y de los religiosos insignes en virtudes que ha hauido en la Reforma de Descalços que el mismo venerable padre ynstituyo en la Orden de nuestro Seraphico Padre San Francisco con la fundaçion de las provinçias que de ella han proçedido. Arévalo 1644, pp. 80-81.

[10] J. de AMIAX: Ramillete de Nuestra Señora de Codes. Pamplona 1608, pág. 99 (r).


[11] Fr. N. J. de la CRUZ: Corona de cortesanos y laudo de labradores o espejo de labradores y exemplar de cortesanos. La vida, virtudes y milagros de San Isidro Labrador. Madrid 1741, pág. 55.